
Homicidios mexicanos
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A pesar de la vorágine de ejecuciones que hemos visto atónitos y horrorizados en los últimos años, la tasa de homicidios dolosos (intencionales) en México está muy por debajo de las de los países con las peores cifras. Midiendo siempre por cada 100,000 habitantes —el Estadio Azteca lleno— de acuerdo con una convención criminológica internacional, El Salvador registra más de 60, Guatemala más de 50, Sudáfrica 49, Venezuela (donde ese delito se ha triplicado durante el gobierno de Hugo Chávez) 47, Colombia 36 (pero al inicio de la gestión del presidente Álvaro Uribe tenía 60), Jamaica 32 y Rusia 20.
La mala noticia es que México, por primera vez desde fines del siglo pasado, aumentó su tasa. Nuestro país había venido logrando un descenso sostenido: 17 en 1997, 16 en 1998, 15 en 1999, 14 en 2000 y 2001, 13 en 2002 y 2003, 11 de 2004 a 2006, y 10 en 2007. En 2008 se registraron 12. Las ejecuciones contribuyeron a este ascenso de manera decisiva. El incremento de 2007 a 2008 fue considerable en Sinaloa —de 28 a 43.7—, Chihuahua —de 18.5 a 42.1—, Guerrero —de 25.4 a 30.2—, Durango —de 16.3 a 27.8— y Baja California —de 17.1 a 27.7—. Como se ve, Sinaloa y Chihuahua padecen tasas similares a las de los países más inseguros de América Latina. El Distrito Federal se ha mantenido durante varios años en 8. Sólo Yucatán tiene una medida aceptable: 2.5.
La tasa media nacional nos coloca en una posición desfavorable muy lejana a la de los países con las mejores cifras, como Grecia, Hong Kong, Japón, Noruega y Singapur, con menos de uno; Alemania, Australia, Canadá, España y Francia, con tasas inferiores a 2, o, por citar el mejor ejemplo de América Latina, Chile con 1.7. Es también muy elevada comparada con países cuyos niveles de desarrollo no son superiores al nuestro o que han vivido conflictos sociales muy agudos, tales como Palestina (3.4), Perú (5.2), Turquía (3.8) o Zambia (7.1). Asimismo, la tasa mexicana casi triplica a la de Estados Unidos (4.3) a pesar de la facilidad con que en este país se adquieren armas de fuego.
No nos consuela saber que el nuestro no es de los países donde más se mata en el mundo. Más bien nos subleva saber que estamos a distancia colosal de las naciones donde menos se priva de la vida al prójimo. Pero es importante conocer qué suelo estamos pisando, cuál es exactamente la magnitud de nuestros horrores, para darnos cuenta de lo que nos falta por avanzar.
Hay guatemalas y guatepeores, sí, pero los seres humanos estamos hechos —como advirtió Shakespeare— de la sustancia con que se trenzan los sueños, y por eso siempre nos hemos empeñado en mejorar la realidad que nos ha tocado vivir.
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Artículo publicado en el periódico La razón de México 21 de agosto de 2009.