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De Ciudadano a Ciudadano - No Te Calles

Más allá del plan Mérida

Luis de la Barreda Solorzano

Es inobjetable el señalamiento del Presidente Felipe Calderón: dos factores decisivos para el crecimiento y la proliferación del crimen organizado en México son el consumo y el tráfico de drogas en y hacia Estados Unidos, y el tráfico de armas provenientes de ese país.

Es, por tanto, insostenible la percepción de que el problema es exclusivamente mexicano, aunque los costos de la batalla han sido, eso sí casi exclusivamente, para los mexicanos.

Los asesinatos en Ciudad Juárez de una pareja de ciudadanos estadounidenses, ella funcionaria del Consulado de su país en esa ciudad, y del cónyuge de otra funcionaria de la misma sede diplomática, suponen un salto cualitativo en la escalada brutal de las organizaciones criminales, que han franqueado un límite hasta ahora intocado, y vuelven a exhibir que, aunque las ejecuciones se produzcan en su inmensa mayoría entre miembros de las bandas que contienden a tiros por el mercado de las drogas, también hay víctimas inocentes, ajenas por completo a esa guerra multilateral.

Las ejecuciones de funcionarios estadounidenses obligan a Estados Unidos a involucrarse de una manera mucho más directa —no tangencial, como hasta ahora— en el complejo problema de la criminalidad generada por los carteles. En eso debe traducirse la indignación manifestada por el Presidente Barack Obama.

En tanto no se dé el acuerdo multinacional que posibilite la despenalización de las drogas, el mayor involucramiento del país más poderoso de la tierra es conditio sine qua non para que la lid contra el ubicuo, cruel y poderoso monstruo de la violencia mafiosa pueda tener éxito, y, por supuesto, no afectaría en lo más mínimo nuestra soberanía, pues no se pretende imponernos gobernantes, formas de gobierno ni leyes. En la actualidad, el único riesgo real para la soberanía proviene de los grupos que disputan el control territorial y el monopolio de la fuerza a las autoridades legalmente constituidas.

La estrategia de combate conjunto al lavado de dinero, el contrabando de armas, los homicidios, las extorsiones y los secuestros perpetrados por las asociaciones de delincuentes habrá de ser mucho más contundente, como apuntaba Pablo Hiriart en este diario, que la diseñada en el Plan Mérida.

Después de todo —o, mejor dicho, antes que nada—, Estados Unidos es el mayor consumidor de estupefacientes y psicotrópicos ilegales en el mundo, y éste es, sin soslayar nuestras debilidades institucionales, uno de los motivos principales de la pesadilla de inseguridad que padecen varias ciudades mexicanas.

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Artículo publicado en el periódico La razón de México 19 de Marzo de 2010.

 

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