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La tasa de homicidios dolosos en México está empeorando a pasos agigantados, pues después de una década —1997-2007— de decremento continuo, durante la cual éstos descendieron de 19 a 10 por cada 100,000 habitantes, en 2010 se ha superado incluso la tasa de 1997 al llegar a 22.








 

 

 

EL PAÃS MÃS VIOLENTO

Luis de la Barreda Solórzano


Hagamos sonar a vuelo todas las campanas del país, reunámonos en el Ãngel de la Independencia de la Ciudad de México y en las plazas públicas más emblemáticas del resto de las ciudades, organicemos una gran marcha festiva, celebremos carnavales aunque estemos en agosto, adelantemos las fiestas patrias con el corazón henchido de orgullo por la gran noticia que nos acaba de ofrecer Alejandro Poiré, secretario técnico del Consejo de Seguridad Nacional: nuestro país no es uno de los más violentos del mundo. ¡Hurra! Gritemos a pecho abierto como si fuera 15 de septiembre: ¡Viva México! ¡Vivan los voceros oficiales que nos han devuelto la tranquilidad!

El doctor Poiré enfatiza que mantenemos una tasa de homicidios significativamente menor que la de varios países de la región latinoamericana y  hace una comparación: “Aun frente a aquellas experiencias reconocidas en el ámbito internacional por hacer frente (sic) a la criminalidad en beneficio de sus comunidades, como es el caso de Colombia, México tiene una tasa de homicidios claramente inferior”. ¡Aleluya!

El Dr. Poiré omite que Colombia está mejorando, pues en dos lustros bajó sus homicidios dolosos de 60 a 34 por cada 100,000 habitantes, mientras México está empeorando a pasos agigantados, pues después de una década —1997-2007— de decremento continuo en sus homicidios dolosos, durante la cual éstos descendieron de 19 a 10 —siempre por cada 100,000 habitantes—, en 2010 se ha superado incluso la tasa de 1997 al llegar a 22.

En efecto, hay mayores tasas de homicidios dolosos que en nuestro país en  El Salvador, Guatemala, Honduras y Venezuela, países que sufren un desastre institucional. Pero la incidencia de ese delito es mucho más alta en México que en  Argentina, Costa Rica, Chile, Ecuador, Nicaragua, Paraguay, Perú y Uruguay.

También en la mayoría de los países africanos la tasa de homicidios dolosos es mayor que la mexicana, aunque todos sabemos que en Asia, Europa y Oceanía, en Canadá y Estados Unidos las tasas son muchísimo más bajas que la nuestra.

Pero no echemos a perder el festejo. No somos Guatemala ni Guatepeor. Recordémoslo la próxima vez que sepamos de otra masacre contra jóvenes que departían en un antro o en una casa particular; que los migrantes siguen siendo secuestrados, violados y asesinados, a veces tras ser vendidos a los verdugos por agentes policiacos o de migración; que cuerpos de muchachas veinteañeras aparecen despedazados después de que policías municipales las entregaron a pistoleros; que se colgaron de nuevo de un puente cadáveres decapitados; que los secuestros, las extorsiones y los robos a vehículos siguen en ascenso.

No somos el país más violento del mundo. Brindemos. Pero para que no se nos agrie el vino anterior no pensemos al alzar la copa que el de hoy es el México más violento —el país más violento en relación consigo mismo— de que tengamos memoria quienes no vivimos los años de la Revolución.

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Artículo publicado en el periódico La razón de México 12 de Agosto de 2011.

 

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