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Una y otra vez el Presidente ha expresado su desacuerdo con la despenalización, pero en esta ocasión la invocó sin nombrarla.






 

ESTRATOSFÉRICAS GANANCIAS

Luis de la Barreda Solórzano


“Si están decididos y resignados a consumir drogas, busquen entonces alternativas de mercado que cancelen las estratosféricas ganancias de los criminales, o establezcan puntos de acceso claros distintos a la frontera con México, pero esta situación ya no puede seguir igual”, dijo el Presidente Felipe Calderón en referencia al Gobierno, al Congreso y al pueblo estadounidenses.

Ese importantísimo fragmento de su discurso pasó desapercibido a muchos analistas generalmente perspicaces. Al mencionar esas alternativas de mercado —como advirtió Héctor Aguilar Camín en Milenio—, el Presidente no podía estar haciendo referencia, aunque no se atrevió a emplear la palabra tabú, sino a la despenalización. Esa es la única alternativa que privaría a los narcotraficantes de sus estratosféricas ganancias.

Una y otra vez el Presidente ha expresado su desacuerdo con la despenalización, pero en esta ocasión la invocó sin nombrarla. En ocasiones la tristeza aporta lucidez. El Presidente está, como el país, pasmado y entristecido por la bárbara matanza del casino Royale de Monterrey. Creo que su pesar se debe no sólo a ese repugnante crimen masivo sino a la constatación de que la lucha penal emprendida contra el narcotráfico ha resultado contraproducente y está cobrando un precio altísimo, cada vez más inaceptablemente alto.

Es verdad que si se despenalizaran las drogas los narcos no se iban a convertir en monjes tibetanos: seguirían secuestrando, extorsionando, robando vehículos y realizando trata de personas; pero se les habría quitado su principal fuente de ingresos, la que les aporta, por decirlo con las palabras del Presidente, estratosféricas ganancias, y se reduciría por eso su poder financiero, su poder armado y su poder corruptor.

Dado que la despenalización tendría que ser internacional e incluir ineludiblemente al principal país consumidor, el Presidente mexicano podría encabezar una misión diplomática, de la que formaran parte otros presidentes de América Latina, que se la planteara formalmente al Gobierno y al Congreso de los Estados Unidos. Los argumentos abundan.

Siempre ha habido y siempre habrá consumidores de drogas. La prohibición nunca ha sido obstáculo para que las consigan. Despenalizada y regulada la venta, su calidad se sometería a estricto control, lo que no es poca cosa pues los usuarios mueren por la adulteración de las sustancias o por sobredosis, y se ofrecería ayuda a quienes quieran dejar de consumirlas.

Otra declaración fue motivo de revuelo. El expresidente Vicente Fox, el mismo que permitió que su fiscalía para perseguir delitos del pasado remoto fabricara culpables, propuso tregua y amnistía para los capos y sicarios que han cometido los crímenes más monstruosos. Un escupitajo a la memoria de las víctimas. Siempre creí que invocar su propio trastorno mental para la anulación religiosa de su primer matrimonio no era sino un ardid leguleyo.

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Artículo publicado en el periódico La razón de México 2 de Septiembre de 2011.

 

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