LA INQUINA DEL PRESIDENTE
Invitado como orador a la ceremonia de graduación en Stanford, el Presidente Felipe Calderón contó que durante décadas en México hubo un partido único que controlaba todo, masacraba a los estudiantes cuando protestaban y desaparecía a los opositores. Ni en los libros de texto oficiales de historia nacional hay tanto maniqueísmo.
Ya Federico Reyes Heroles, con la lucidez que lo caracteriza, refutó esa versión caricaturesca con argumentos contundentes: Calderón olvida que también ocurrieron en el país cosas buenas, incluida la prosperidad que fue posible gracias a las inversiones en educación, salud, infraestructura, electrificación y urbanización; tergiversa la realidad al presentar como una constante las masacres y las desapariciones; no recuerda que con el apoyo del PRI pudo rendir protesta en el Congreso y sacar adelante las reformas de su gestión, y omite explicar por qué el voto ciudadano ha decidido que la mayor parte de las entidades del país esté gobernada por esos demonios de maldad (Reforma, 21 de junio de 2011).
Es verdad que durante los gobiernos priistas tuvieron lugar numerosos abusos de poder, pero asimismo es cierto que el mismo régimen fue creando o reformando instituciones para combatir esos atropellos. Bajo el abominable priato se crearon las comisiones públicas de derechos humanos, las cuales han jugado un papel de enorme importancia a favor de los derechos de los gobernados; se instauró un sistema electoral gracias al cual hoy tenemos elecciones creíbles; la libertad de prensa se llegó a ejercer plenamente, y, después de los crímenes contra estudiantes del 2 de octubre de 1968 y el 10 de junio de 1971 (40 años ha), desde hace decenios cualquier grupo ha podido manifestarse todos los días en las calles.
También han ocurrido violaciones graves a los derechos humanos en los diez años de gobiernos federales panistas. Buena parte de los secuestros, violaciones, desapariciones y asesinatos de migrantes que cruzan nuestro país han contado con la participación de servidores públicos del Instituto Nacional de Migración. Miembros de las fuerzas armadas y policiales desplegadas en el combate al crimen organizado han incurrido en allanamientos y detenciones ilegales, torturas y homicidios. El gobierno federal no ha cumplido con ninguna de las resoluciones de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, entre las cuales una versa sobre la violación de una indígena por soldados.
Sería absurdo responsabilizar de todas esas tropelías al régimen panista en conjunto o al Presidente, no obstante que éste es el máximo superior jerárquico de las instituciones a que pertenecen los autores. No faltan quienes quisieran que al terminar el sexenio se erigiera una nueva inquisición o fiscalía especial para perseguirlo. Sería un despropósito. Porque no es plausible falsear la memoria histórica con propósito vindicativo o de lucro político ni para satisfacer inquinas obsesivas —lo que podría revertírsele—, convendría que el Presidente se serenase y matizara sus fulminaciones.
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Artículo publicado en el periódico La razón de México 24 de Junio de 2011.