No puedo dejar de evocar a Chateaubriand: "No conozco nada más servil, más despreciable, más cobarde, más obtuso que un terrorista".
MISERIA DEL TERRORISTA
Ni una palabra dedicada a las víctimas puede encontrarse en el comunicado en el que ETA anuncia el cese definitivo de su actividad armada.
No hay mención alguna a los más de 800 asesinados; las miles de personas que perdieron padres, hijos, parejas, amigos, compañeros de partido; las que fueron coaccionadas durante años a pagar el impuesto revolucionario, como le llamaba la banda a la extorsión de empresarios; las que sufrieron graves heridas, incluso mutilaciones; las que padecieron secuestros en condiciones infrahumanas y tortura a manos de sus secuestradores; las que tuvieron que abandonar la tierra en que nacieron; las que permanecieron silenciadas por el fanatismo totalitario, o las que durante tres décadas no pudieron ejercer el derecho elemental de vivir sin temor por el riesgo de represalias debidas exclusivamente a no comulgar con las ideas de los fanáticos. Esas desgracias de sus coterráneos no motivaron a la organización terrorista a escribir en ese texto un escueto lo sentimos.
ETA deja las acciones armadas porque sabe que está vencida. La fortaleza democrática, la eficacia policial y la firmeza judicial del Estado español, así como la decisiva colaboración de Francia en la lucha antiterrorista, la derrotaron sin que se hiciera ninguna concesión a su chantaje. Pero la pandilla no entrega las armas ni sus militantes se ponen a disposición de la justicia ni reconocen la crueldad y la inutilidad de sus acciones terroristas. Por el contrario, ETA está ya intentando su reconocimiento como interlocutor de los gobiernos español y francés, la mesa de partidos en la que se asuma su postura excluyente —continúa la presión de los proetarras contra los ciudadanos que estorban su proyecto de ocupación total del espacio público y la visibilidad social— y la libertad de sus presos condenados por crímenes repugnantes.
El editorial oficial de La Jornada en el que se comenta el comunicado (21 de octubre de 2011) omite toda mención al sufrimiento de las víctimas, no oculta su simpatía por la causa de la organización terrorista y señala que los gobiernos democráticos españoles “se empeñaron en reprimir a ETA con la tortura policial sistemática de todo sospechoso de pertenecer a la organización”.
Como explica Fernando Savater, la tortura consiste “en estar sufriendo a manos de otro sin posibilidad de mediación alguna”, y todos sabemos que ETA torturó hasta la muerte a varios de sus secuestrados. Respecto de sus militantes detenidos, los dirigentes de la banda dieron la instrucción de que en todo caso denunciaran que se les había torturado. Los contados casos en que se acreditó tortura por parte de la policía y las ejecuciones llevadas a cabo por los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL) no quedaron impunes: se juzgaron aplicando las mismas leyes con que se enjuició a los terroristas.
No puedo dejar de evocar a Chateaubriand: “No conozco nada más servil, más despreciable, más cobarde, más obtuso que un terrorista”.
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Artículo publicado en el periódico La razón de México 28 de octubre de 2011.