"La despenalización tendría que ser una medida multinacional de la que no podría quedar excluido Estados Unidos, el país con más consumidores. Pero ha llegado el momento en que se le plantee al gobierno estadounidense el asunto con inteligencia y diplomacia. No faltan argumentos que esgrimir."
LA PROHIBICIÓN CUESTIONADA
No recuerdo que la iniciativa privada se hubiera manifestado pública e inequívocamente alguna vez en México en favor de la despenalización de las drogas, planteamiento que más bien ha sido formulado en círculos intelectuales.
El domingo pasado un grupo de prominentes empresarios, industriales y académicos de Monterrey publicó un muy bien escrito manifiesto en el que, expresando su profunda preocupación por la violencia, la corrupción y la inseguridad que sufre México, ponen a consideración de las autoridades del país reflexiones y propuestas en el mismo sentido en que lo hizo recientemente la Comisión Global de Políticas sobre Drogas.
Se recuerda en el documento que hace 40 años se creyó que si se combatía la producción y el tráfico de drogas podría eliminarse el problema de las adicciones. Hoy se sabe que la detención y el encarcelamiento de traficantes, y las incautaciones de drogas, propiedades y dinero no han servido para detener el crecimiento de las adicciones y la violencia. La prohibición ha criminalizado hechos que no debieran ser delitos pues no afectan a terceros y ha creado el mercado negro de drogas operado por mafias violentas. Ese mercado negro ha sido generado por el propio Estado al seguir una política que por un lado despenaliza el consumo personal y por otro combate a productores y traficantes. Es sumamente difícil combatir al crimen organizado con medidas policiacas ya que las mafias son financiadas por ese mercado negro cuyos ingresos rebasan por mucho los presupuestos de seguridad nacional.
El manifiesto observa que cuando se encarcela a un capo no se encarcela al negocio de las drogas y, en cambio, se ocasiona más violencia, producto de la lucha por territorios y lealtades. Con sus ingresos extraordinarios los traficantes compran armas, reclutan jóvenes, promueven el consumo infantil y corrompen autoridades. Una vez establecidas en el mercado de las drogas, las mafias también se dedican a otros delitos: secuestro, robo de autos y extorsión. Legalizar la droga no significa liberarla, sino pasarla al control del Estado, como sucede con el alcohol y el tabaco.
Lo novedoso no son esas ideas sino que las suscriban quienes hasta ahora se mantenían al margen del debate. No es gratuito que cada vez más personas pongan en duda la conveniencia de la prohibición: la violencia que ésta ha propiciado nos amenaza a todos.
No se toca en el manifiesto un punto importante: la despenalización tendría que ser una medida multinacional de la que no podría quedar excluido Estados Unidos, el país con más consumidores. Pero ha llegado el momento en que se le plantee al gobierno estadounidense el asunto con inteligencia y diplomacia. No faltan argumentos que esgrimir.
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Artículo publicado en el periódico La razón de México 22 de Julio de 2011.