Bases para una Política Criminológica
¿Qué es y para qué una política criminológica?
México no cuenta con estrategia alguna ante la delincuencia. En lugar de prever y adelantarnos a lo que va a ocurrir, cada día esperamos a ver qué sucede antes de actuar.
Empezamos a movernos después de la sangre y las lágrimas; después del dolor y la pérdida; cuando ya sólo hay cosas qué lamentar.
No sólo no prevemos, sino que carecemos de una memoria alimentada por la experiencia colectiva: actuamos ante el delito de hoy sin haber aprendido nada del de ayer.
Carecer de una estrategia no significa que no haya cierta continuidad en las acciones. Por desgracia se hace lo mismo una y otra vez sin evaluar si sirve lo que se hace e incluso algunas veces rechazando la realidad.
La convicción de que la respuesta instintiva ante el crimen o la continuidad del empeño son suficientes por sí mismas, insiste en seguir aumentando las penas más allá de límites racionales; en abarrotar las cárceles más allá de límites humanos; en reducir, casi hasta cancelarlos, algunos de los derechos que les corresponden a todos los seres humanos con total independencia de que hayan o no delinquido.
La necedad con la que se multiplican las acciones represivas tiene tal hondura que no parece importar que la delincuencia siga un curso aparte ni, tampoco, que la sensación de inseguridad que agobia a la población continúe en aumento.
El propósito de elaborar y presentar unas bases de política criminológica para México, o sea los principios y lineamientos centrales a los que debe responder una política de esa índole, es precisar el rumbo y señalar hacia dónde deben estar orientadas las instituciones de seguridad pública y justicia penal en nuestro país.







