El crimen en el mundo
Rafael Ruiz Harrell
Según la información disponible, Latinoamérica es la región del planeta que más sufre a causa del crimen.
La afirmación anterior encuentra respaldo en una conferencia que ofreció el jueves de la semana pasada Anna Alvazzi del Frate, quien vino a nuestra ciudad invitada por el Instituto Ciudadano de Estudios sobre la Inseguridad, ICESI. La doctora Alvazzi forma parte de un reducido grupo de expertos capaces de referirse a la situación mundial de la delincuencia con conocimiento de causa. Aparte de ella, de Jan van Dijk, Ugljesa Zvekic o Graeme Newman, no hay muchas personas más que se hayan dedicado al estudio de un tema tan complejo.
Dificultades
La complejidad nace en buena medida de la variedad, ya que la regla es que cada país maneje una o varias definiciones de los delitos más importantes que, a su vez, presentan divergencias más o menos señaladas con las de otros países. México, por ejemplo, cuenta con 33 códigos penales -uno por Estado más el federal-, y aunque a veces la definición que ofrecen de un crimen es la misma, en otros casos hay diferencias significativas.
La circunstancia tiene una grave consecuencia: impide la comparación. No tiene sentido, por ejemplo, intentar comparar las estadísticas reunidas en Estados Unidos por el FBI con las que ofrece la Suretè en Francia, ya que se estaría comparando peras con manzanas. Lo que se dice de las estadísticas oficiales se extiende, por desgracia, a las encuestas victimológicas nacionales, puesto que emplean también las definiciones legales propias de sus respectivos sistemas de derecho.
La única solución posible resulta heroica: empezar todo de cero. Es decir: definir de manera uniforme los crímenes que interesa comparar y emprender, por una parte, la tarea de recolectar los datos necesarios en las fuentes oficiales de los países dispuestos a participar en el programa y, por la otra, promover que en esos países se lleven al cabo encuestas victimológicas a partir de esas definiciones y con una metodología común. Y esto fue lo que hizo la ONU al través de UNICRI, o sea el Instituto Interregional de Investigación en Crimen y Justicia.
La recolección de los datos oficiales se inició en 1980. Las encuestas victimológicas se empezaron a aplicar en la década de los noventa e integran lo que se conoce como ICVS (Internacional Crime Victimological Surveys), que actualmente ofrecen una base de datos que comprende más de 220 mil casos y cubre 72 países. México no ha participado nunca en este esfuerzo, quizá porque el problema del crimen es aquí irrelevante.
Delitos registrados
Si se hace una gráfica considerando sólo los delitos denunciados y registrados por las autoridades, lo primero que destaca es que el país que tiene en el mundo más delincuencia es Estados Unidos. De 7 mil 200 crímenes por cada cien mil personas en 1980, llegó a 8 mil 800 en 1991, para luego descender a 6 mil en el 2000.
La Unión Europea siguió el curso contrario: con 5 mil delitos por cada cien mil habitantes en 1980, superó los 6 mil en 1985 y tuvo luego un crecimiento muy medido, de tal manera que en el 2000 llegó a 6 mil 200, superando ligeramente a Estados Unidos en el volumen de delitos registrados.
Los países latinoamericanos -exceptuando a México, Perú y Venezuela-, son mucho más modestos. Su delincuencia denunciada empezó en 2 mil 070 en 1980 y tras un crecimiento irregular, llegó a 3 mil 100 en el 2000. Hablando muy en general, las autoridades de Europa y EU registran dos veces más crímenes que las de América Latina.
La tendencia que revelan estas cifras es muy irregular. Hay países, como Jamaica, que han visto disminuir su delincuencia en casi el 20 por ciento de 1998 al 2000. O el 8 por ciento, como Chile; el 7 como Colombia; el 5 como Canadá o el 3.5 como el nuestro -considerando sólo los crímenes que estudia el UNICRI. En cambio Costa Rica registra un aumento del 4 por ciento; Francia del 5; Uruguay del 7; Argentina del 13; Rusia del 15 y Japón del 18.5 por ciento.
Encuestas victimológicas
El panorama que revelan las encuestas victimológicas es, por desgracia, el opuesto. La proporción de personas adultas que fueron víctimas de un asalto violento, por regla general a mano armada, llegó a 78 de cada cien en América Latina en el año 2000. En África es de sólo el 42 por ciento y en Asia el 11. En la parte occidental de la Unión Europea el porcentaje es del 10 y en EU de sólo del 7. Y una mala noticia: el robo violento está disminuyendo en casi todo el mundo. Africa, con un aumento inferior al 4 por ciento de 1996 al 2000, y Latinoamérica con uno del 11.1 por ciento, constituyen la excepción.
En el robo a casa habitación, también en el 2000, África está en primer lugar con una tasa de victimización del 83 por ciento. La siguen América Latina, con 57; Asia con 44; EU con 24 y Europa con 20.
La violencia, medida en este caso por la proporción de personas lesionadas, presenta un panorama curioso. Siempre se creyó que mientras más "primitivo" era un pueblo, más violenta era su criminalidad. Nuestro país y muchos otros de nuestro continente eran citados como ejemplos de países "primitivos" y, claro, violentos. Los datos revelan muy otra cosa: el país con la proporción más alta de adultos lesionados deliberadamente por otro es Australia: en el 2000 llegaron al 64 por ciento. De ahí sigue África, con 61; EU con 55; Europa con 41 y al final, con 38, América Latina.
Observación
Aunque los datos ofrecidos por Anna Alvazzi se prestan a muchas reflexiones (su presentación completa está en www.icesi.org.mx), hay un punto que destaca de manera muy especial: en América Latina es muy bajo el índice de denuncia. Un ejemplo: no llegan a denunciarse ni el 20 por ciento de los robos violentos. En el resto del mundo la proporción es mucho más alta: en Europa occidental llega al 66 por ciento.
Paso imprescindible para empezar a resolver el problema es colaborar seriamente con los esfuerzos de la ONU. El lugar reservado a las cifras de México no puede seguir en blanco.
Pubicado en la La Ciudad y el Crimen del diario Reforma el 10 de Noviembre de 2003.






