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Feminicidio en Ciudad Juárez: ruptura de la equidad de género

Es innegable que la violencia es un fenómeno que ha acompañado al ser humano desde su aparición, sin embargo con toda la revolución tecnológica y el aparente “progreso” de algunas civilizaciones, la violencia se ha recrudecido aún más, manifestándose en cuantiosas formas como el odio racial o la intolerancia ante las diferentes culturas y estilos de vida.

Nadie esta exento de ser blanco de la violencia, pero existen grupos más propensos a sufrirla, es el caso de las mujeres. A la violencia ejercida en contra de las mujeres se le conoce como violencia de género y esta responde a que este grupo tiene la condición de vulnerabilidad, la cual proviene erróneamente de la desigualdad de las relaciones entre mujeres y hombres. Por lo tanto en la violencia de género existe un abuso de poder cometido en la mayoría de los casos por los hombres.

En México a pesar del discurso político, la violencia hacia la mujer lejos de desaparecer se ha vuelto cada vez más cruel al punto de llegar al feminicidio, asesinar a mujeres por el simple hecho de ser mujer. Dicho fenómeno se agudiza cuando las características del entorno se conjugan ya que existe una marcada relación entre la criminalidad violenta y la demografía de las áreas urbanas donde ésta ocurre.

Ejemplo de este grave fenómeno es Cd. Juárez, donde se manifiestan procesos sociales, históricos, económicos, demográficos, delincuenciales, psicológicos e institucionales íntimamente estructurados con creencias patriarcales misóginas, atavismos, sumisión femenina e influencias de tipos de vida externos, aunado a la incompetencia y corrupción del gobierno local y federal.

Ciudad Juárez se localiza en la frontera de México y Estados Unidos, cuenta con aproximadamente un millón y medio de habitantes y una población migrante cercana a las 800 mil personas. Estos altísimos índices se deben a que desde hace unas décadas se desarrolla una floreciente industria de empresas maquiladoras, (fabricas dedicadas a confeccionar piezas específicas de productos de marca) haciéndola muy atractiva para la inversión extranjera(1). Esta situación comenzó tras la entrada del Tratado de Libre Comercio que destruyó la economía mexicana cuando acabó con la producción interna, especialmente de los estados sureños, pues de productores se convirtieron en importadores. Esto causó una avalancha migratoria hacia el norte, especialmente de millones de mujeres jóvenes que debieron ir a trabajar en las 4 mil maquiladoras o fábricas extranjeras, donde por salarios miserables dañan su salud y viven en condiciones deplorables.

En Ciudad Juárez, operan unas 500 maquiladoras con unos 300 mil trabajadores -el 70 por ciento mujeres- divididas en 10 parques industriales, de los cuales algunos, sobre todo los de reciente creación, están alejados de las colonias enclavadas en el desierto(2). La mayoría de las empleadas trabajan en colonias alejadas en las que no hay alumbrado y difícilmente encuentran transporte. Algunas mujeres acuden a las tres de la mañana, porque escogen el tercer turno. El primero es el de la siete a tres de la tarde, el segundo de las tres y media a las doce y media o una de la mañana, y el tercero de las tres de la mañana a siete de la mañana, este último es el de menor gente pero el de mejor paga(3).

Junto con el crecimiento de las maquiladoras, en Ciudad Juárez creció también el fenómeno del narcotráfico, el crimen organizado y las pandillas. Así Cd. Juárez tiene una vida nocturna sórdida, en muchos casos alimentada por cuarteles de soldados estadounidenses que van en busca de una buena parranda, night clubs, bares, cantinas, prostíbulos, antros de perdición, hoteles de paso, picaderos (lugares de venta y consumo de droga), corrupción policial, brujería, pobreza, ignorancia, segregación y violencia desmedida, provocando fuertes sentimientos de inseguridad en los habitantes de la ciudad.

De acuerdo a los resultados obtenidos en la Primera Encuesta Nacional Sobre Inseguridad (ENSI-1) realizada por el ICESI(4) cuyo objetivo fue realizar un diagnóstico sobre el problema de la inseguridad y captar la incidencia delictiva ocurrida en el 2001, Cd. Juárez es un municipio del Estado de Chihuahua con altos índices delictivos. En todos los delitos (diversos rubros delincuenciales) analizados por la encuesta, esta ciudad fronteriza sobrepasa el promedio de actos delictivos cometidos tanto a nivel estatal como nacional, sobresaliendo los delitos de lesiones, homicidio, secuestro y abuso de autoridad.

En el caso de las lesiones, durante el 2001 en Cd. Juárez se cometieron 730 delitos por cada cien mil habitantes, mientras que en el resto del Estado se efectuaron 303, y en el país 113 delitos por cada cien mil ciudadanos.

En cuanto a los homicidios, se cometieron en promedio 66 por cada cien mil habitantes en este municipio, mientras que a nivel estatal esta cifra disminuye a 25 ejecuciones, y en el resto del país se presentaron aproximadamente 12 casos por cada cien mil habitantes.

En el 2001, el número de secuestros en el país fue de aproximadamente 18 por cada cien mil habitantes, en el caso de Chihuahua esta cifra aumenta hasta cometerse en promedio 51 secuestros por cada cien mil habitantes, sin embargo esta alcanza niveles alarmantes en el municipio de Cd. Juárez al cometerse 133 secuestros por cada cien mil habitantes.

Por cada cien mil habitantes en el 2001, se presentaron en promedio 332 casos de abuso de autoridad en Cd. Juárez, mientras que a nivel estatal existieron aproximadamente 253 casos; este número disminuyó en el resto de la nación al cometerse 67 hechos por cada cien mil personas.

Cabe resaltar que no se reportó en la ENSI-1 ningún caso de abuso sexual tanto en el municipio de Cd. Juárez como en el Estado de Chihuahua, no así a nivel nacional.

Sin embargo, según las cifras oficiales de la SNSP(5), el número de delitos denunciados por cada cien mil habitantes en el Estado de Chihuahua ha disminuido progresivamente a partir de 1997, alcanzando una disminución significativa en el año 2001. Además, el número de delitos estimados por la ENSI-1 por cada cien mil habitantes es muy superior al número de denuncias reportadas por las autoridades.

Estas situaciones han propiciado un clima de inseguridad que impregnan a la población Juarense con las imágenes de ausencia de la ley, a pesar de que los delitos en Ciudad Juárez ocurren en menor escala que en la Ciudad de México, el prejuicio “La frontera es tierra sin ley” acrecienta la Inseguridad.

Este contexto facilita la existencia de una violencia cruel e irracional especialmente manifestada por el rencor masculino contra las mujeres, en buena parte contribuidas por la independencia económica y sexual de las mujeres que llegan al trabajo de la maquila.

Esta violencia se ha manifestado en los cuerpos desnudos de mujeres que han aparecido en el desierto desde abril de 1993 hasta la fecha, y que según diversas estimaciones los ubican entre 300 cadáveres y aproximadamente 500 casos de mujeres desaparecidas(6), sin embargo no existen cifras concluyentes; según los datos obtenidos en el Informe Estadístico sobre casos de mujeres asesinadas en Ciudad Juárez(7), (uno de los pocos análisis realizados hasta la fecha que hace mención de las características de las víctimas de estos atroces crímenes), de 1993 a septiembre de 2002, fueron asesinadas 135 mujeres.

De acuerdo a este estudio, el mayor número de asesinatos se presenta en los años 1995 y 1997, seguidos de 1996 con el 14.8%, 14.8% y 12.6% de los casos respectivamente, en los cuales las victimas son mujeres de 15 a 19 años con el porcentaje de casos más alto en el año 1996, en donde el 66% de las víctimas son menores de 29 años. Cabe aclarar que en un 22.2% del total asesinatos se desconoce la edad de la víctima, fenómeno que se agudizó en el año 2001 con un 43.8% de los casos (Tabla 1).

Llama la atención la aparición de asesinatos en mujeres mayores de 40 años a partir del año 1998, sin embargo en el 2002 no se registró caso alguno de víctimas de esa edad. Para los años 2000 y 2001 el grupo de víctimas de 10 a 14 años desaparece, presentándose nuevamente en el 2002 con un 14.3% de los casos.

Fuente: Elaboración propia a partir del INFORME ESTADÍSTICO SOBRE CASOS DE MUJERES ASESINADAS EN CIUDAD JUÁREZ, CHIHUAHUA DE 1993 A SEPTIEMBRE DE 2002 . Estudio Hemerográfico (Fuente el Diario Juárez), realizado por los grupos Estudios de Género de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, el Comité Independiente de Chihuahua de los Derechos Humanos y el Grupo Ocho de Marzo de Cd. Juárez

En cuanto a las características sociodemográficas de las víctimas, Poniatowska(8) y otros autores coinciden en que en su mayoría eran estudiantes, además de trabajar en maquiladoras, zapaterías, farmacias, secretarias, edecanes, recepcionistas, etc.; eran pobres, vivían en colonias marginales, en casas con paredes de cartón, lámina o madera, caminaban por calles sin electrificación adecuada, solitarias, sin pavimento, entre arenales y basura, entre camiones y automóviles totalmente desmantelados.

La mayor parte de estos homicidios se presentan bajo un modelo con características similares, son mujeres en su gran mayoría jóvenes, morenas, delgadas, de cabello largo y negro, empleadas de la industria maquiladora que han sido secuestradas y violadas repetidas veces por mas de una persona, torturadas, mutiladas y asesinadas, finalmente arrojadas a un lote baldío.

Algunas de las jóvenes asesinadas primero fueron observadas, se indagó parte de su vida personal, si iban a los salones de baile o a bares. También si eran migrantes, luego vino "el jale" en los lugares de diversión, a la salida de escuelas o industrias, o en su deambular por la ciudad (las mujeres desaparecen a la vista de transeúntes de calles céntricas o periféricas, cuando las puertas de alguna camioneta o automóvil se abren).

Los asesinatos también se planean a bordo de las unidades del servicio público de transporte que ingresan a las zonas pobres de Cd. Juárez, las que colindan con las montañas, con el semidesierto y los barrancos.

Los homicidios de estas mujeres, “fueron cometidos con enorme brutalidad ya que aparte de violarlas sexualmente por ambas vías, el o los homicidas les apretaban el cuello para estrangularlas, con lo que el violador sentía mayor placer porque ellas contraían de esta forma sus órganos genitales; además las mordieron y atacaron con cuchillos en pecho y abdomen en extraños ritos de muerte.

Algunas tenían los senos cercenados; otras, como las ocho localizadas en el mismo sitio en 2001, tenían el pelo cortado en la base del cráneo; unas cuantas tenían cortado un triángulo en sus órganos genitales, lo que hace pensar en ritos satánicos"(9).

GRAFICA #1 (1993- 15 septiembre 2002)

De la gráfica 1, el total de asesinatos que se han presentado de 1993 a septiembre del 2002, sólo en un 62.2% se ha identificado a la víctima, siendo el año de 1995 en el que se identificó un mayor porcentaje de casos (16.7%). los años 1996, 1997 y 2001 conservan los mayores porcentajes en donde se ignora la identidad de la víctima (21.6,%, 13.6% y 13.6% respectivamente).

Por otro lado, en los datos recopilados por Chávez(10), los años en los que se presentó una mayor proporción de víctimas en donde no se específica su vestimenta son 1994 con el 73%, el 2000 con el 66% y 1993 con el 65%. También se indica que los años en los que se encontraron más mujeres desnudas fueron 1998 con el 40%, 1993 con el 35% y 1997 con el mismo porcentaje.

Otro dato importante que llama la atención es que a partir de 1999 en el 5% de las víctimas solamente se encontró la osamenta, en el 2000 el 3% y se incrementa para el año 2001 a 23%, en comparación con los demás años en donde no se presenta este fenómeno. Aquí el principal tipo de homicidio fue cometido con arma blanca y/o de fuego, presentándose en un 40.1%, del cual en 1996 corresponde un 64.3%, en 2000 el 62.1% y el 50% en 1999 de un total de 87 casos registrados. Seguido del delito de violación, pues en 1994 se presentó un 72.7%, en el 1993 el 47.1% y en 1995 el 41.7% de 55 casos en total. Los años en los que se han presentado más víctimas con tortura son 1995 con 25%, en 1998 con 23.3%, 1996 con el 14.3% de 31 casos que equivale al 14.3%. Cabe señalar que el total de homicidios no especificados corresponde al 6.5%.

En concreto estos homicidios muestran que:

  • Los asesinatos fueron por estrangulación, desnucamiento o apuñalamiento.

  • Las mujeres asesinadas son trabajadoras de la maquila o trabajadoras de establecimientos comerciales como zapaterías, panaderías, etc.

  • Todas ellas presentan violencia sexual y otras formas de tortura.

  • Los cuerpos fueron abandonados en lotes baldíos, a la orilla de la carretera y en su mayoría, fueron encontrados varios días o meses después de que sucediera el crimen.

  • De acuerdo a la geografía del crimen se pueden indicar algunos lugares estratégicos en los cuales se han encontrado una gran cantidad de cadáveres, entre ellos se encuentran los siguientes:

    • Lomas de Poleo: se encontraron nueve cuerpos en 1996, esta zona esta ubicada en los alrededores de la ciudad, es una zona casi desértica.

    • Av. Ejercito Nacional: se encontraron ocho cuerpos en el 2001. Los cuerpos estaban en un lote baldío, en una zona céntrica de Juárez.

    • Lote Bravo: se encontraron ocho cuerpos en 1996, se encuentra ubicado en las afueras de la ciudad.

    • Recientemente un cadáver de una mujer de aproximadamente 16 años se encontró en un lote baldío cerca del parque Industrial (11).

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    • Del mismo modo Covarrubias González(12) anota que “los lugares donde ha sido posible la violencia están ubicados en zonas definidas – en términos espaciales – hacia el norte(poniente) de la ciudad y al sur (Lote Bravo). No obstante, los asesinatos han abarcado otras zonas geográficas... la geografía norte-sur es pertenencia de la policía, el ejército o los traficantes de droga, sobre todo cuando hablamos de territorios vastos. Cuando hablamos de territorios de una extensión relativa, la pertenencia es de las bandas, los traficantes de droga al menudeo, de armas y de autos. En el último aspecto, tendríamos que ponderar la relación entre lugar, pertenencia y grupos generadores de violencia”.

Para ilustrar la situación de terror que viven las mujeres vasta con leer alguno de los testimonios que algunos de los familiares de la víctimas o en el menor de los casos las sobrevivientes han narrado.

“Yo me encontraba en La Tuna (un bar de esta ciudad) con una muchacha que le decían La Mausy. Era novia de Miguel, un vendedor de hamburguesas que trabajaba al lado del Salón Joes Place. Ella medía más o menos 1.60, de complexión regular, se pintaba el cabello de rubio cenizo, de tez morena clara, de cabello largo. Sergio Armendáriz Díaz, El Diablo, jefe de la banda Los Rebeldes, dijo que se la presentara. Ella no quería ir a platicar con él. Le insistí y fue. Después ya no la volví a ver, yo sabía que la iba a matar, pero no podía hacer nada porque me tenía amenazada de muerte”. (Abril de 1996, declaración ministerial de Erica Fierro, integrante de la banda Los Rebeldes)(13).

Lourdes Portillo(14) logró entrevistar a una sobreviviente y ella cuenta los horrores a los que se vio sometida en un cuartel donde policías drogados, entre ellos una mujer, la violaron y torturaron, pero además ella, al ser encerrada en una habitación del lugar, vio gran cantidad de ropas de mujer y fotos donde se veía el proceso de tortura y muerte de unas jóvenes, también estaba retratado cómo los cadáveres eran quemados en el desierto. Esos policías fueron encarcelados pero al poco tiempo nuevamente siguieron apareciendo cadáveres.

El 14 de agosto de 1995 Elizabeth Castro, de 17 años salió de su casa rumbo a su trabajo en una fabrica. Cinco días mas tarde se encontró un cuerpo a la altura de la carretera Casas grandes en Granjas Santa Elena. Se determinó su muerte por estrangulamiento, de acuerdo con el acta del caso, el cuerpo presentaba un avanzado estado de descomposición, se observó una herida cortante de forma triangular situada en la región coccigia y el ano dilatado. El cuerpo era la víctima undécima del año 1995, sin embargo las características del cuerpo no concordaron con la descripción brindada por los familiares(15).

El 18 de abril de 1999, la joven Nancy Villalba de 13 años, obrera de una maquiladora, fue secuestrada por el conductor suplente de un vehículo en ruta de la maquiladora que la condujo a las cercanías de Granja Santa Elena, en el kilómetro 17 de la carretera a Casas Grandes y donde antes se han descubierto mas de una docena de muertas. El sujeto, desnudó, violó, estranguló y dio por muerta a Nancy, dejándola sin identificación alguna, la niña sobrevivió al ataque de su agresor, que sería identificado como Manuel Guardado Márquez (alias el Tolteca, el Chacal o el Drácula) de 25 años ex agente de la policía judicial(16).

Ericka Ivonne, de 16 años fue ultrajada y asesinada en febrero del 2001. Su cuerpo fue encontrado en un panteón. Le cortaron los dedos, le sacaron los ojos y le quitaron parte del cuero cabelludo. Dicen que el asesino se llama Antonio Muzos y le apodan “La payasa”, la autoridad dice que no fue violada, que lo hizo por su voluntad, además “la payasa” esta escondido y no ha sido apresado(17).

Estos casos muestran la presencia de situaciones de violencia de género, con rasgos extremos y crueles, donde la falta de acceso a la justicia, la exclusión y la inexistente voluntad política se unen para hablar de un feminicidio impune.

Lo cierto es que en los últimos nueve años, las autoridades estatales de Chihuahua arrestaron a 18 personas en conexión con los asesinatos en serie de las mujeres de Ciudad Juárez. Pero hasta el momento, se ha procesado a un hombre (conocido como Abdel Latif Sharif), que recibió una condena de 30 años por el asesinato de una de estas mujeres en 1995. También están siendo procesados dos grupos (Los Rebeldes y los Ruteros): a estos grupos pertenecen Sergio Armendáriz Díaz, Jesús Guardado Márquez (El Tolteca), José Jesús Reyes Rosales, Javier García Uribe y Gustavo González Meza(18).

Cabe mencionar que otra expresión de la ineptitud de las autoridades se ha reflejado en la fabricación de culpables, para callar las protestas de los familiares de las víctimas, un ejemplo de esto es el caso de el Egipcio (Abdel Latif Sharif) al cual se le imputo el asesinato de Elizabeth Castro, sin embargo las autoridades han insistido en acusar a Sharif de 149 cargos adicionales (asociación delictuosa, violación equiparada, inhumación y exhumación de cadáveres, etc); a pesar de estar preso los asesinatos continuaron. Como justificación de estos sucesos las autoridades le han acusado de ser el autor intelectual de varios crímenes y estar asociado con varias bandas además de haber pagado a diez personas en 1996 para que asesinaran por él.

Sin embargo un gran porcentaje de los asesinatos han quedado impunes. Como era de esperarse en el primer año de los sucesos, en el 90% de los casos no se identificó al asesino y se presentó la misma situación en los años 1996 y 2001. En 1999 en el 30% de los crímenes se identificó al responsable, siendo este el mayor porcentaje de asesinos identificados, seguido de un 28.6% en el 2002. Como parte de la ola de impunidad y búsqueda de responsables se presento un incremento en la identificación de sospechosos, en los años 1995, 1997 y 1999, con un 20%. Cabe resaltar que el 77.8% del total de casos no se ha identificado al responsable y un 14.1% son sospechosos de los cuales vale la pena saber cual es su situación penal actualmente(19).

Varias teorías se tejen en relación a la matanza y desaparición de las jóvenes en Juárez. Entre ellas, que las secuestradas son llevadas para ejercer la prostitución a otros lugares. Pero sobre los asesinatos, se dice que las muchachas son muertas durante sacrificios de la narcobrujería.

Por otra parte el FBI señala que existe la posibilidad de que se trate de un ilícito trasnacional en que psicópatas o delincuentes de El Paso, Texas, ingresan a territorio mexicano solamente a cometer dichos asesinatos(20).

La incidencia de estos crímenes implica un furor misógino, que por la ineptitud policial y judicial, o protecciones de poderes allí ocultos, han pasado del estatuto de crimen esporádico a estrago colectivo, bajo el temible efecto copycat, el de los imitadores que asechan en la penumbra y reproducen la violencia última en trazos discontinuos pero eficaces.

Ante estos brutales asesinatos las autoridades se mantienen al margen, pues hay un marco de comodidad política en torno a esta problemática, su investigación puede llevar un costo y debe haber alguien que no quiere pagar dicho costo, pues el crimen organizado cohabitando con el poder económico, se confunden y benefician mutuamente, de ahí que la acción política sea la arena de la contienda pactada, por eso es indudable que esta relación simbiótica tiene mucho que ver con la protección y la falta de decisión en el esclarecimiento de tanto crimen. Esto ha provocado que las personas que han sido testigos de crímenes, no denuncien por miedo a su integridad física. Y si esto no fuera suficiente habrá que agregar las acciones de las autoridades de fabricar culpables o de integrar verdaderas historias con elementos poco creíbles, como señaló en párrafos anteriores, el caso del egipcio Abdel Sharif Sharif o el de la banda de Los Rebeldes, con la serie de cargos que ha dado la sensación de generar culpables al margen de culpabilidades demostrables, para detener la irritación creciente y los reclamos nacionales e internacionales.

Pero las acusaciones para las autoridades no terminan ahí. También se les reclama la poca información entregada a los familiares, el trato despectivo de que son objeto así como la nula diligencia para esclarecer estos homicidios. Cuando los familiares de las desaparecidas llegan a comentar en la fiscalía especial que van a buscar a grupos no gubernamentales para recibir apoyo, les advierten que entonces no van a seguir investigando.

Sin embargo, para las autoridades locales la cantidad de crímenes son normales dentro de una sociedad descompuesta, y lejos de solucionar los crímenes, se han dedicado junto con los medios de comunicación ha realizar campañas publicitarias de desprestigio en contra de las Organizaciones No Gubernamentales y contra las propias mujeres.

En un principio el tratamiento de los homicidios por parte de las autoridades y la prensa era discriminatorio. Sus explicaciones versaban sobre supuesta doble vida de las víctimas y donde la mayoría caía en el perfil de prostitutas. Y por eso -desde su perspectiva- proclives a sufrir este tipo de ataques. Estas versiones habrían cambiado luego de que fuese encontrado el cuerpo de una joven catequista y militante de organizaciones de base de la iglesia católica.

Nunca el manejo de la información en los medios ha sido tan cruel como en el caso de las muertas de Juárez. La actitud de las autoridades no es sólo de indiferencia, sino denigrante para las muertas y para las familias, como si las mujeres no fueran seres humanos.

El Diario y el Norte de Juárez, dos periódicos de Ciudad Juárez, confinaban el caso de las asesinadas y desaparecidas a la nota roja y a la publicación de fotografías muy agresivas, amarillistas, en primera plana. Ponían en la portada un tacón rojo, dando la imagen de que las mujeres eran prostitutas. Incluso el ex-gobernador Francisco Barrio difundió la versión "de mala conducta" de las asesinadas, con el claro objetivo de decir: "las responsables son ellas, por llevar esa vida". En vez de sensibilizar a la población, los medios reforzaban la creencia de que las mujeres son basura, "llevan una doble vida" y por lo tanto, están expuestas a que las maten.

Debido a las condiciones de vida en la sociedad Juarense, producto de la fragmentación del tejido social y donde la incapacidad de las autoridades es evidente, se alimenta el miedo y la desconfianza entre la población femenina, reflejándose en la modificación del estilo de vida de las mujeres. Cada vez salen menos de noche y cuando lo hacen caminan por calles con luz y gente, necesitan estar acompañadas. Han cambiado su forma de vestir para que la ropa no llame la atención, ocultando su feminidad con chamarras, suéteres y pantalones holgados. No hablan con desconocidos. No suben a la ruta (camión), si ésta recorre la calle sin pasajeros.

Los siguientes testimonios corroboran los sentimiento de inseguridad que viven diariamente:

"Me siento impotente porque soy mujer y ahora tengo que cuidar hasta cómo me visto", dice Martha, estudiante en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ).

"Yo prefiero irme con pantalón y camiseta, si voy a andar en ruta es mejor no llamar la atención", afirma otra joven llamada Claudia.

"Las veces que estuve en riesgo no iba vestida provocativamente", menciona Jessica(21).

La impunidad y la misoginia han logrado impregnar a la población Juarense de una apatía y habituación a la muerte, como bien lo indica Astrid González Dávila de la organización Juárez contra el crimen "nos hemos vuelto una sociedad necrofílica" lo que nos hace pensar en la facilidad para asesinar mujeres en Juárez, esta situación ha llenado de indignación a la opinión pública a pesar de ello no se ha presentado ninguna respuesta contundente para el cese y resolución de los crímenes.

Conclusiones.

Tras nueve años de crímenes y más de 300 mujeres asesinadas, aún no existen líneas de investigación claras y los intentos de las autoridades por hacer justicia no sólo han resultado incipientes e ineficaces, sino que además ha provocado que el clima de violencia se extienda.

En Ciudad Juárez la ola de crímenes de odio, producto del desprecio a la vida de las mujeres pobres y jóvenes constituye el mayor dolor histórico que se ha vivido en esta urbe fronteriza. Terminar con la impunidad que lo rodea es uno de los temas de la agenda política nacional. Este feminicidio presenta síntomas ineludibles de una fragmentación social en las entrañas de esta sociedad.

La violencia contra las mujeres seguirá mientras subsista la desigualdad, la marginación, el abuso de poder y el machismo. Continuará mientras el marco jurídico siga incompleto y las autoridades permitan abusos que mantienen estructuras sociales y culturas retrógradas.

Las muertas de Ciudad Juárez plantean un acertijo donde se transparenta el país: la dificultad de la justicia y el peso abrumador de sus inercias funestas de ineptitud y corrupción.

Vivir una vida libre de violencia no es una utopía: es un derecho que debemos convertir en una experiencia cotidiana en todos los ámbitos de nuestra vida.

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Citas.

(1) Moya. F. (2001). Feminicidios en Ciudad Juárez. www.mujereschile.c1/conocedoras/articulos.

(2) Peláez. V. (2001). Otros textos de Vicky Peláez. Revista electrónica Almacén.

(3) Poniatowska, E. (2002). Ciudad Juárez. Matadero de mujeres/I. www.jornada.unam.mx/esp_juarez.

(4) Realizada por el Instituto Ciudadano de Estudios Sobre la Inseguridad A.C del 2 al 24 de marzo del 2002, con un nivel de confianza del 95% y un margen de error del +/- 1%, representatividad nacional y estatal con 35,001 cuestionarios.

(5) Índices elaborados en base a las denuncias ante el Ministerio Público de la Secretaría Nacional de Seguridad Pública, estimadores de las poblaciones 1997, 1998, 1999 y 2001 por CONAPO y la población del 2000 del XII Censo de Población y Vivienda del INEGI.

(6) Poniatowska, E. (2002). Ciudad Juárez. Matadero de mujeres/II. www.jornada.unam.mx/esp_juarez.

(7) Estudio Hemerográfico (Fuente el Diario Juárez), realizado por los grupos Estudios de Género de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, el Comité Independiente de Chihuahua de los Derechos Humanos y el Grupo Ocho de Marzo de Cd. Juárez.

(8) Poniatowska, E., op cit

(9) Villalpando, M. Citado en Poniatowska, E. op cit.

(10) Elaboración Chávez Cano E., directora Casa Amiga, Ciudad Juárez, Chihuahua, 2002 en http://www.cimacnoticias.com/especiales/ciudadjuarez/

(11) Tepezano, J. “Persiste impunidad”. El universal. 16 de noviembre de 2002.

(12) Covarrubias G. “Frontera y anonimato: Una interpretación de la violencia sobre las mujeres en Ciudad Juárez, 1993-2000, tesis de maestría, Instituto de Investigaciones Doctor José María Luis Mora, Sociología Política, 2000. P. 28.

(13) En Castillo,G. "Ciudad Juárez, donde el aire huele a miedo". La jornada. 11 de Diciembre de 2001.

(14) Quien realizó el documental Señorita Extraviada.

(15) Trueba, L. (2001). Crónica negra del crimen en México. Plaza Janés. México. p. 225.

(16) Op cit. p. 215, 216.

(17) Sevilla, R. “Exigen justicia en Juárez. El Reforma. 26 de noviembre del 2002.

(18) Topezano, J. "Persiste impunidad". El Universal. 16 de Noviembre de 2002.

(19) Informe Estadístico sobre casos de mujeres asesinadas en Cd. Juárez, Chihuahua de 1993 a septiembre de 2002. Op cit.

(20) Coria, C.Cano. C. "Buscan apoyo del FBI en crímenes de mujeres". El Universal. 21 de Junio de 2002.

(21) Castillo, G. "Ciudad Juárez, donde el aire huele a miedo". La jornada. 11 de Diciembre de 2001.

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