¿Por qué y para qué denunciar?
Cecilia Sayeg Seade[1]
Las cifras sobre el nivel de denuncia están íntimamente ligadas con el nivel de credibilidad y eficacia de las instituciones que procuran e imparten justicia.
En América Latina la gente no denuncia porque considera -o sabe- que no sirve de nada. Así lo demuestran los datos recabados por la ONU a través de su encuesta internacional sobre victimización (International Crime Victimization Survey –ICVS-).
El número de personas adultas víctimas de algún asalto violento en el 2000 fue de 78 de cada 100 en América Latina, mientras que el índice de denuncia llegó tan solo al 20%. Si establecemos la comparación con los países de Europa occidental, tenemos que el nivel de denuncia de este tipo de delitos es del 66% (3 veces más).
En el caso de México así también lo demuestran las dos Encuestas Nacionales sobre Inseguridad realizadas por el ICESI- (ENSI-1 y ENSI-2[2]). De manera similar con los datos generales de América Latina, se estima que únicamente 1 de cada 4 delitos son denunciados ante el Ministerio Público. ¿Las causas? Aproximadamente más de la mitad de las personas piensan que es una pérdida de tiempo denunciar y que desconfían en las autoridades.
Sin embargo sabemos que a mayor denuncia, mayor eficacia en las instituciones de seguridad. ¿Porqué? porque es la única manera que tenemos como sociedad de dar cuenta de lo que sucede y de presionar para su solución. Si no se denuncia entonces estamos promoviendo un refugio fácil para las autoridades para seguir en la tierra del “aquí no pasa nada”.
El que el número de denuncias muestre tendencias a la baja (y que son los únicos registros que tiene la autoridad para medir el tamaño de la delincuencia) no significa que la incidencia baje, por el contrario, significa que hay una mayor desconfianza y también una buena manera de dar a conocer información distorsionada a la sociedad sobre lo que sucede. Por ejemplo, el robo a transeúnte es uno de los delitos que menos se denuncia, por lo tanto la estadística que se construye a partir de las denuncias que la sociedad no hace de este delito puede mostrar una tendencia a la baja, pero no porque se estén cometiendo menos robos, sino porque la gente denuncia menos. Otro ejemplo que sirve para ilustrar lo anterior es el del Estado de Chihuahua, que presenta una incidencia delictiva denunciada media baja[3], pero según las encuestas victimológicas su incidencia es alta.
Con estos datos —que no son falsos— se puede engañar fácilmente a la opinión pública sobre el decremento de la delincuencia en determinados delitos.
Las encuestas victimológicas o encuestas a víctimas de la delincuencia (como las del ICESI y como aquellas de la ONU) son importantes porque logran acercarse a la cifra negra de la delincuencia, que no es más que el número de delitos cometidos pero no denunciados por la sociedad y, por tanto, no registrados en los datos oficiales. Y aunque obviamente este tipo de encuestas tienen sus propias limitaciones y defectos[4], sin duda ayudan a conocer el tamaño real de la delincuencia.
Adicionalmente a la cifra negra, las encuestas victimológicas también son una buena herramienta para obtener información de las percepciones, necesidades y actitudes en torno a la delincuencia, permiten conocer las razones para no denunciar los crímenes o bien para explicar porqué las estadísticas oficiales no contienen la suficiente información que permita describir el panorama completo del delito, así como una visión completa de las tendencias de la criminalidad. Sabemos que el delito tiene una delimitación geográfica, que únicamente se conoce a través de las encuestas, por lo que políticas diferenciadas deben aplicarse según las características criminológicas de cada región (por ejemplo las regiones centro y sur presentan altas tasas de secuestro y secuestro exprés respecto al resto del país[5], mientras que la región occidental presenta una alta tasa de robos).
De acuerdo con el Instituto Interregional de las Naciones Unidas para Investigaciones sobre la Delincuencia y la Justicia (UNICRI) las encuestas de victimización ayudan para:
Promover estrategias de prevención del delito centradas en la víctima y en la comunidad.
Promover información correcta y confiable como base del desarrollo de políticas racionales y de bases de datos sobre el delito y la justicia criminal, que resulten comparables entre sí y a nivel internacional.
Mejorar las relaciones entre la policía, el Ministerio Público y la comunidad:
Poniendo en evidencia la tendencia que existe a denunciar delitos;
Estudiando el nivel de satisfacción que existe con el desempeño de la policía y las denuncias;
Aumentando la utilización de las medidas de prevención de los delitos individuales y de los delitos cometidos en el ámbito doméstico;
Formulando y poniendo a prueba hipótesis y teorías de investigación.
Si al menos la proporción de denuncia fuera a la inversa de la que hoy tenemos (es decir, que solamente quedaran sin denunciarse el 20% de los delitos), tendríamos, una radiografía más exacta de lo que sucede en el país y podríamos contar con una política criminológica acorde y mucho más precisa. Pero lamentablemente la desconfianza en el Ministerio Público, ante quien denunciamos un delito, es extensiva también a las policías, por ello percibimos que aunque denunciáramos no habría eco en políticas de prevención, disuasión y persecución.
La necesidad de contar con una política criminológica adecuada hace imprescindible disponer de la información que sólo pueden proporcionar las encuestas victimológicas.
Actualmente uno de los temas en boga, sobre todo en relación con la democracia, es la rendición de cuentas. Para que ésta exista sin duda, uno de los pasos que como sociedad debemos dar es participando en este proceso. En términos de inseguridad pública la denuncia es el paso fundamental. Una sociedad aterrada por el delito y la violencia desconfía de todo y se recluye. Debemos ir construyendo poco a poco una cultura de la denuncia que nos permita exigir cuentas a las autoridades y cuya información sirva para el diseño de políticas criminológicas… aunque mientras lo logramos, seguiremos confiando en las encuestas victimológicas para ello.
noviembre de 2004.
--------------------------------------------------------------------------------[1] Directora de operación del ICESI
[2] La ENSI-1 se levantó del 2 al 24 de marzo de 2002, con información sobre el año 2001, con una muestra total de 35,001 cuestionarios y la ENSI-2 se levantó del 9 al 30 de agosto de 2002, con información del primer semestre de 2002 (enero-junio), con una muestra total de 35,174 cuestionarios. Ambas encuestas se aplicaron en hogares de las 32 entidades federativas de la República Mexicana.
[3] Según datos obtenidos de las denuncias presentadas ante agencias del Ministerio Público y recabados por el Sistema Nacional de Seguridad Pública de 1997 a 2001.
[4] Ruiz Harrell, Rafael; Limitaciones y defectos criminológicos de las encuestas victimológicas. Presentación para la mesa redonda Alcances metodológicos de las encuestas victimológicas en México, ICESI noviembre 2003.
[5] Gaceta 2 del ICESI. Geografía de la inseguridad 2001, en www.icesi.org.mx.






