Robo violento de autos
Rafael Ruiz Harrell
Joel Ortega, el Secretario de Seguridad Pública del DF, anda muy contento porque el robo de vehículos en 2004 disminuyó en 7.4 por ciento frente al 2003. Y no sólo eso: hacía diez años que no se registraba una cifra tan reducida: en 1994 se robaron 30 mil 833 vehículos en la capital, el año pasado fueron 31 mil 432. A esto hay que añadirle dos logros más y una tragedia. Los logros son que se recuperó el 70 por ciento de los autos robados y que los robos de vehículos sin violencia han seguido disminuyendo, al grado de que en el 2004, cuando ascendieron a 16 mil 202, fueron inferiores en número a los registrados en 1994, en que llegaron a 20 mil 96. La tragedia es que en los robos violentos de vehículos 21 personas fueron asesinadas el año pasado por los ladrones de los autos.
Las cifras que ofreció el nuevo jefe de Policía el último día del año pasado son veraces y no hay nada que objetarles, pero por una parte cabe la duda de que tales descensos puedan atribuirse a las autoridades del DF y, por la otra, que el panorama sea tan tranquilo como parece a primera vista, sobre todo si se toma en cuenta que las encuestas victimológicas y las propias cifras oficiales anuncian que el robo violento de vehículos está al alza.
Un breve comentario sobre el primer punto. Aunque es usual que las autoridades se atribuyan todos los triunfos posibles y nunca reconozcan responsabilidad alguna en los fracasos, está muy claro que el descenso en el robo de vehículos que ocurrió el año pasado en el DF forma parte de un proceso más general que afectó a toda la República. Si en el DF el robo de vehículos disminuyó en 7.4 por ciento del 2003 al 2004, hubo entidades, como Quintana Roo, en que el descenso fue del orden del 60 por ciento. En Nayarit fue del 43.2; en San Luis Potosí del 39.3; en Guanajuato del 24.9 y así en diez Estados más, todos con descensos proporcionalmente mayores a los del DF. El fenómeno es tan generalizado que no puede deberse sino a un factor común que influya por igual en todo el País y, muy probablemente, ha de encontrárselo en el apretado precio de las nuevas unidades y en la enorme gama de facilidades que se dan para adquirirlas a crédito. ¿Quién quiere, en tales condiciones, un vehículo robado?
Los Violentos
Los aciertos no consiguen ocultar el problema: los robos violentos de vehículos, o sea aquellos en los que se le quita el auto al conductor por medio de amenazas, golpes o violencias, siguen creciendo y, por desgracia lo están haciendo en las entidades más conflictivas del País.
Una aclaración preliminar: de cada diez robos de vehículos que tienen lugar en la República -y este año serán cuando menos 141 mil 700-, siete se cometen en sólo cuatro entidades: Baja California, Jalisco, México y el DF. Nuestra capital es la que más activamente participa en el desastre ya que tienen lugar aquí la cuarta parte de todos los robos de autos del País, sean violentos o pacíficos.
Ahora bien: hasta el año 2000 la participación de estas entidades en el total de robos violentos rara vez excedió del 50 por ciento. En el 2001 se abandonó la regla y en diciembre de ese año ocurrieron en los estados señalados y el DF el 57.0 por ciento de tales robos. El crecimiento ha sido constante a partir de entonces y en diciembre del 2004 llegaron al 77.6 por ciento del total. Es decir: más de las tres cuartas partes de los robos violentos de vehículos de toda la República suceden en esas cuatro entidades.
Es muy posible, y las encuestas que realiza trimestralmente el diario Reforma lo revelan, que la proporción de robos de esta índole sea mayor, ya que la regla es que las tentativas no se denuncien. El panorama que nace de las encuestas es muy claro y explica, entre otras cosas, por qué hubo 21 asesinatos vinculados a este tipo de asaltos. Según declaran los entrevistados, en el 65 por ciento de los casos no entregaron el vehículo sin más, sino que intentaron defenderse y defender su propiedad. Una de las consecuencias es que en los robos violentos llevados a término, necesitó atención hospitalaria el 20 por ciento de las víctimas. En los asaltos que se quedaron en grado de tentativa salieron heridos el 18 por ciento. Cuando los atacantes consiguen llevarse la unidad, la víctima invariablemente denuncia el delito, pero cuando no pasa de la tentativa, sólo el 43 por ciento se toma el trabajo de darle aviso del delito al agente del Ministerio Público correspondiente.
El análisis de lo declarado en las encuestas permite afirmar que por cada 100 asaltos violentos llevados a término, 62 se quedan en tentativa y de ellos se denuncian apenas 27. El punto tiene alguna importancia porque las estadísticas oficiales del DF omiten desde fines de 1998 todos los delitos que se quedaron en grado de tentativa. Es decir: si en el 2004 hubo 15 mil 230 robos violentos de autos llevados a término, es muy probable que hubiera, en grado de tentativa, 9 mil 444 más. En conjunto, y además de las 21 personas que perdieron la vida, poco más de 4 mil 700 personas resultaron heridas.
Advertencia
Quien se roba un auto estacionado necesita tener, así sea elemental, cierta habilidad mecánica y un conocimiento de ese modelo para conseguir echarlo a andar. Quien roba a mano armada un vehículo en un alto, o llega y le da con otro auto un ligero golpe por atrás para obligar al conductor a bajarse a revisarlo -técnica muy de moda-, es un ladrón desesperado, sin ninguna habilidad, primitivo y probablemente más asustado que la víctima a la que amenaza. Todo esto lo hace sumamente peligroso, así que si se ve en la situación de que alguien abrió la puerta de su carro y lo amenaza con un desarmador, un puñal o una pistola, no dude en entregar el vehículo pacíficamente y en darse a la fuga tan pronto como le sea posible. Si puede evitarlo sin poner en peligro su vida, no se deje secuestrar ni llevar a otro lugar ya que es ahí donde corre el riesgo de ser asesinado y, si es mujer, de que además la violen.







