El robo a hogares
Rafael Ruiz Harrell
Aunque es uno de los delitos de mayor impacto social, el robo a casa-habitación se denuncia muy poco. La encuesta sobre inseguridad realizada por el ICESI en 2004, revela que en la República las autoridades dan noticia de uno de cada 24 robos de esta índole que se cometen. Como es de suponerse, hay estados en los cuales la cifra negra es todavía mayor. En Campeche, por ejemplo, las autoridades reconocieron sólo uno de cada 226 robos a hogares. En Guerrero uno a 93; en Sinaloa fueron uno a 80; en Sonora uno a 72.
La entidad que padece más robos a casas-habitación es Baja California. La encuesta de ICESI registró 306 robos de esta naturaleza por cada mil hogares. La siguen en importancia Baja California Sur con 211; Quintana Roo con 176; Sinaloa con 164; Yucatán con 138; Chihuahua con 124 y Sonora con 117. En la República hubo en total 75 robos por cada mil hogares. El DF está debajo de la media nacional con 70.
Una de las características que distingue a los robos de esta índole es que una vez que un hogar es asaltado, la probabilidad de que vuelva a serlo se multiplica. En Baja California, por ejemplo, de cada cien hogares que fueron robados en 2004, treinta lo fueron una sola vez, cuarenta dos veces, veinte tres veces y diez cuatro veces o más. Se encuentran en situación muy semejante Quintana Roo, Sonora, Sinaloa, Guerrero, Coahuila y Baja California Sur. En la República fueron asaltados poco menos de un millón 400 mil hogares ese año, pero el total de robos ascendió a 2 millones 100 mil. Los 700 mil de más se deben a los que fueron asaltados cuando menos dos veces.
Distinciones
En las estadísticas oficiales es usual que se distinga entre los robos violentos a hogares y los robos no violentos. Los primeros, que son los que menos se denuncian, son aquellos en los que los habitantes del hogar estaban ahí cuando ocurrió el robo. Los robos no violentos suceden, obviamente, cuando la casa se encuentra sin gente.
La distinción es importante porque no es el mismo tipo de ladrones el que comete unos y otros. Los que se inclinan por los robos no violentos suelen estudiar el hogar que van a robar por dos o tres días para conocer qué rutina siguen sus moradores y saber cuándo están y cuándo no. Los ladrones no violentos aprovechan sobre todo dos días, los lunes y los domingos para cometer sus asaltos. Los sábados es el día en que menos trabajan. Los ladrones violentos se interesan sobre todo por el valor de los bienes que puedan encontrar en la casa que piensan asaltar y si la estudian es sobre todo para saber si el botín que obtendrán es jugoso o no. Que haya gente o no les preocupa muy poco. Sus días de más actividad son los jueves y los viernes. El domingo la mayor parte descansa.
Lo que sucede con los días de la semana se repite en relación a las horas del día. Los robos no violentos se dividen en proporciones casi iguales entre la mañana y la noche: poco más de la mitad tiene lugar entre las seis de la mañana y las seis de la tarde. Los demás son cometidos en la tarde y la madrugada, o sea de las seis de la tarde a las seis de la mañana. Los ladrones de hogares violentos son fundamentalmente diurnos: tres de cada cuatro robos son cometidos entre las seis de la mañana y las seis de la tarde. Sólo uno de cada cuatro tiene lugar en las horas nocturnas.
Estas distinciones distan mucho de ser meras curiosidades. Para usted y para mí quizá lo sean, pero las autoridades deben tenerlas muy presentes ya que las diferencias en los modos de operación de unos y otros no sólo indican tácticas distintas, sino una mayor o menor experiencia en los ladrones. Se sabe que los primerizos, o sea los menos experimentados, confían más en la violencia y en el uso de la fuerza. No es sino conforme van aprendiendo más su triste oficio que se van inclinando por los asaltos a hogares sin violencia.
Lo anterior tiene varias implicaciones. Una de ellas es que puede afirmarse con relativa seguridad que el número de ladrones de hogares está creciendo si está en aumento la proporción de asaltos violentos. Cuando desciende, puede inferirse que los robos de esta índole se encuentran a la baja. El análisis de las series estadísticas por entidad federativa del 2000 al 2005 confirma la afirmación. Hoy están al alza.
Más importante todavía es que las policías de muchos países emplean estos datos para combatir con eficacia este delito. Aquí, como siempre, se prefiere confiar en lo que salga.







