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Experiencia y percepción

Rafael Ruiz Harrell

El gobierno de la ciudad anda de nuevo en pleito con la población. Según dice ha logrado bajar las tasas delictivas, pero por alguna extraña razón no consigue modificar la opinión popular y la gente sigue diciendo que los crímenes están al alza.

La idea de que la delincuencia puede ir por un lado y la percepción por otro es de López Obrador. Cada vez que una encuesta descubrió, durante su gobierno, que la población sostenía que los delitos seguían creciendo, respondió alegando que experimentar la delincuencia era algo muy distinto a cómo se la percibe. Mi gobierno, explicaba, ha conseguido disminuir el número de crímenes, pero la población todavía no se da cuenta. Hoy es Ricardo Ruiz, el suplente del suplente del Peje, el que anda diciendo lo mismo frente a los datos -terribles- que difundió la semana pasada el Instituto Ciudadano de Estudios sobre la Inseguridad, ICESI, al dar a conocer un estudio realizado en dieciséis zonas urbanas.

El ICESI afirma "con un 97.5 por ciento de confianza que la delincuencia cometida en el Distrito Federal subió cuando menos 22.4 por ciento" del 2004 al 2005. A falta de argumentos y razones, Joel Ortega acude al insulto y dice que la encuesta fue pagada "por lo más rancio del Yunque". Ruiz, un poquito más listo, repite la tesis de AMLO y sostiene que el gobierno de la ciudad ha disminuido el crimen, pero todavía no encuentra cómo corregir la percepción popular.

Diferencias

En los dos últimos años la criminalidad en el DF ha subido con gran rapidez. Probarlo no es problema: lo inquietante, por ahora, es la idea de que la percepción puede ir por un lado y el número de crímenes que se cometen por el otro. Digo: ¿será cierto?

La noción tradicional es muy sencilla. Cuando hay un secuestro, una violación o un homicidio particularmente horribles, los medios se solazan en difundir los detalles durante largo tiempo. El hecho, por así decirlo, cae sobre mojado, o sea sobre una población que ya está tocada por el crimen y la consecuencia es que termina por creer que la delincuencia está creciendo aunque ocurra lo contrario. O para decirlo de otra forma: la manera en que una población percibe la criminalidad no depende del volumen de la delincuencia, sino de otros factores, como lo que muestre la tele, lo que relaten otras personas o lo que publiquen los diarios. La percepción y la experiencia del crimen corren por caminos separados e incluso divergentes. Aunque hay cierta relación entre una y otra, en el fondo son independientes.

La tesis no es irrazonable. Yo mismo he publicado artículos en esta columna que pueden entenderse en ese sentido, mas debo rectificar y precisar: es posible probar que las opiniones que tiene la gente sobre el estado del crimen o sobre la eficacia de las autoridades, está determinada fundamentalmente por la manera en que ha sido tocada por la delincuencia. Es decir: la percepción sobre la criminalidad, lejos de ser independiente de la experiencia, está determinada por ella. Los más afectados por el crimen son quienes afirman con más frecuencia que la delincuencia está creciendo y las autoridades son incapaces y, a la inversa, quienes lo son menos tienen una perspectiva más favorable.

Consecuencias

El asunto, por supuesto, no es blanco o negro. No es suficiente con que baje "la" delincuencia para que la población lo conceda. Depende de qué delitos se trate y de qué proporción sea el descenso. Por ejemplo: aun siendo muy grave, el homicidio tiene tan baja incidencia que su reducción no afecta la percepción. El robo a transeúnte, en cambio, tiene una gran influencia, pero la proporción en que baje tiene que ser muy seria antes de que la ejerza.

Concediendo ciertos límites, en general es falso afirmar que la percepción va para un lado y el número de delitos para el otro. La regla general, puesto que la primera depende de lo segundo, es que sigan caminos paralelos, no rutas divergentes. Para no dejar duda: digan el Peje y sus secuaces lo que quieran, si la población cree que la delincuencia está subiendo, puede apostarse que lo cree por la simple razón de que está subiendo.

Sostener que la criminalidad está a la baja aunque la gente sostenga lo contrario, es una manera más de tratar de engañarnos y de intentar tapar la ineficacia. Lo que viven los ciudadanos -su experiencia- y las opiniones que sostienen -sus percepciones-, son mucho más confiables que las afirmaciones de cualquier político.

 

Publicado en “La ciudad y el crimen” del periódico Reforma el 30 de octubre de 2006.

 

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