Homicidios dolosos
Cada año, al llegar el día de muertos, parece inevitable tener que referirse al homicidio doloso, es decir, al homicidio provocado deliberadamente, con mala fe. Además este año las noticias son buenas: en asesinatos llegamos a la cifra más baja que se haya registrado desde 1985.
No está de más aclarar que los datos de enero a septiembre de este año nos permiten calcular con bastante confianza el total anual y referirnos a 2006 como si ya hubiera concluido. Y, a no ser que ocurran más catástrofes, el año terminará con 11 mil 490 homicidios registrados oficialmente en la República. Hace seis años, en el 2001, tuvimos 14 mil 780. El descenso es de más de la quinta parte, de tal manera que por cada cinco homicidios que se cometían en 2001, hoy sólo hay cuatro.
La entidad en la cual se comete el mayor número de asesinatos es, también, la más populosa. Se trata del Estado de México y en él ocurrieron 19.4 de cada cien crímenes de esa índole que se registraron en la República en 2001. Este año, la proporción es mayor: llegó a 22.4, es decir, de cada cinco asesinatos que se cometen en el país, uno tiene lugar en el Estado de México.
Como donde hay más gente casi siempre hay también más homicidios, en lugar de partir de los datos brutos, es más revelador tomar en cuenta las tasas por cien mil habitantes. De esta manera se descubre que en 2001 teníamos 14.8 homicidios por cada cien mil personas, mientras que este año tendremos 10.8. La última cifra nos permite hacer algunas comparaciones. Chile, el país menos violento de nuestra América, tuvo el año pasado 8.2 homicidios por cada cien mil personas. Brasil, en cambio, llegó a 14.3. Estados Unidos registró 5.7. Kazajstán, quizá el más violento en el planeta, alcanzó 61.2 asesinatos por cada cien mil personas en 2004. Suiza tuvo 2.2
¿Y en la República?
El estado más seguro de nuestro país es Aguascalientes. De 2001 al 2006 registró en promedio 2.1 homicidios por cada cien mil habitantes. Lo siguen Yucatán, con 2.3; Nuevo León, con 3.3 y Querétaro, con 4.4.
El más violento a lo largo del sexenio fue el Estado de Oaxaca. La tasa promedio de los últimos seis años llega a 36.4, nivel propio de un país en guerra. Lo siguieron Tlaxcala, con 29.5; Guerrero con 28.6, y México y Sinaloa con 20.4. En promedio sexenal el DF llegó a 10.4
Durante largas décadas, Guerrero ha sido el estado donde, en proporción, ocurren más muertes deliberadas. Este año, por ejemplo, volvió a ocupar el primer lugar en la República con 32.0 por cada cien mil personas, pero cada vez tiene una competencia más cerrada de dos entidades: Oaxaca y Tlaxcala, que en el promedio sexenal incluso lo superan. El punto es importante porque el homicidio doloso es uno de los índices más claros de conflicto social. Si el homicidio está al alza, puede apostarse que los grupos y clases que componen a una población no están consiguiendo entenderse entre sí. Lo estamos viendo clara y violentamente en Oaxaca en estos días y, si no se le presta atención adecuada e inmediata, el fenómeno puede repetirse en Tlaxcala en un futuro muy cercano.
Una vez más es necesario señalar que las autoridades del Distrito Federal no están informando adecuadamente a la población capitalina. De enero a julio, por ejemplo, el Servicio Médico Forense registró 416 homicidios, mientras que la Procuraduría del DF sólo reconoció 340. Este descenso artificial del 18.3 por ciento resulta todavía más inquietante si se toma en cuenta que en el resto de las entidades federativas, sin excepción, los datos que ofrecen sus procuradurías superan entre el 15 y el 25 por ciento a las que proporcionan sus servicios forenses respectivos. En el único caso en que esto ocurre a la inversa es el del DF, de tal manera que los 6.6 homicidios por cien mil personas que nos están ofreciendo en 2006 es una cifra falsa.
Es justo sancionar a los homicidas, puesto que lo merecen, pero cada vez resulta más claro que no debe esperarse que con eso también se reduzca al número de asesinatos. A ese fin es mucho más eficaz promover el orden. Frente al homicidio, la civilización es mejor remedio.
Artículo publicado en Subterráneo del periódico Metro.






