Ir a página inicio
Usted está en:   Publicaciones   Flecha   Artículos   Flecha   Homicidios dolosos II

Homicidios dolosos II

Rafael Ruiz Harrell

Suele afirmarse que los datos sobre el homicidio doloso se encuentran entre los más confiables del resbaladizo universo de las estadísticas delictivas. El rechazo social al asesinato es muy firme por lo que es raro el que no llega a registrarse. A causa de ello, según afirman varios políticos, es un crimen que carece de cifra negra. La afirmación se entiende de una manera muy curiosa: se cree que basta saber cómo va el homicidio para tener una idea más o menos justa de cómo va toda la delincuencia.

La idea anterior es tan falsa como la noción de que se registran todos los homicidios dolosos o, cuando menos, la abrumadora mayoría. La verdad es que un buen número de los asesinatos que se cometen quedan sin registrarse. Un ejemplo reciente nos lo ofrece Chile. Durante más de una década registró entre 1.2 y 1.8 homicidios por cien mil habitantes, la tasa más baja de todo el continente; Canadá que lo seguía tenía 2.2. Sólo que hace tres años un estudiante de epidemiología decidió hacer su tesis sobre el registro de los homicidios en las zonas rurales y descubrió que había un enorme subregistro y la regla eran los entierros clandestinos. La tesis suscitó un serio escándalo y el gobierno chileno decidió reestructurar todo el sistema de estadísticas criminales. El resultado, un año después, fue que Chile reconoció que tenía 8.8 homicidios dolosos por cada cien mil personas, casi cinco veces más.

No hay un estudio semejante en nuestro país, pero nadie se sorprendería si se descubriera algo semejante. Hay también un caso que lo revela: si se compara las cifras de homicidios dolosos que ofrecen las procuradurías de las diversas entidades federativas, con las que recopila el Sistema Nacional de Salud, se descubre que las primeras son casi siempre superiores a las segundas. Según las procuradurías hay entre 15 y 25 por ciento más asesinatos que según Salud. Sólo que hay una excepción: el DF. Aquí ocurre a la inversa: las cifras que ofrece la Procuraduría capitalina son entre el 25 y 30 por ciento menores que las de Salud. Y no sólo eso: son inferiores también a las que proporciona el Servicio Médico Forense de la ciudad. De enero a julio de este año el SEMEFO detectó 416 homicidios dolosos. La Procuraduría del DF sólo contó 340, o sea 18.3 por ciento menos.

Los datos

Señalo lo anterior porque este año, conforme a los datos de las procuradurías, llegamos a la cifra más baja de homicidios desde 1985, dato que debe tomarse con cautela. Los datos de enero a septiembre de este año nos permiten calcular con bastante confianza el total anual y referirnos a 2006 como si ya hubiera concluido. Y, a no ser que se desate alguna tragedia, el año terminará con 11 mil 490 homicidios registrados oficialmente en la República. Hace seis años, en el 2001, tuvimos 14 mil 780. El descenso es de más de la quinta parte, de tal manera que por cada cinco homicidios que se cometían en 2001, hoy sólo hay cuatro.

Las tasas por cien mil habitantes son más reveladoras que los datos brutos. Al calcularlas se descubre que en 2001 teníamos 14.8 homicidios por cada cien mil personas, mientras que este año tendremos 10.8. La última cifra nos permite hacer algunas comparaciones. Brasil llegó a 14.3. Estados Unidos registró 5.7. Kazajstán, quizá el más violento en el planeta, alcanzó 61.2 asesinatos por cada cien mil personas en 2004. Suiza tuvo 2.2, igual que Canadá.

El estado más seguro de nuestro país es Aguascalientes. De 2001 al 2006 registró en promedio 2.1 homicidios por cada cien mil habitantes. Lo siguen Yucatán, con 2.3; Nuevo León, con 3.3 y Querétaro, con 4.4.

El más violento a lo largo del sexenio fue el Estado de Oaxaca. La tasa promedio de los últimos seis años llega a 36.4, nivel propio de un país en guerra. Lo siguieron Tlaxcala, con 29.5; Guerrero con 28.6, y México y Sinaloa con 20.4. En promedio sexenal el DF llegó a 10.4 El análisis de las circunstancias socioeconómicas que acompañan al homicidio revela que conforme avanza la civilización y se corrigen ciertas carencias básicas -como la ausencia de energía eléctrica o de un piso de cemento-, los homicidios dolosos bajan. Para abatir el homicidio doloso es mucho más eficaz poner un firme en el piso y llevar luz que castigar duramente al culpable. No digo que los asesinos no merezcan un castigo, ya que hicieron algo injusto. Lo que afirmo es que es falso creer que con solo castigar a los homicidas disminuirán los asesinatos.

 

20 de noviembre de 2006

 

© 2008 ICESI Instituto ciudadano de estudios sobre la inseguridad, a.c.   Imagen legal   |   contacto
Av. San Antonio 256 - Piso 6, C.P. 03849, México, D.F.
Teléfono y fax: 56 15 49 87 (con 5 líneas)

Image 01 Image 01 Image 02 Image 02 Image 03 Image 03 Image 04 Image 04 Image 05 Image 05 Image 06 Image 06 Image 07 Image 07 Image 08 Image 08 Image 09 Image 09 Image 10 Image 10 Image 11 Image 11 Image 12 Image 12 Image 13