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Jalisco

Rafael Ruiz Harrell

El Estado de Jalisco no parece tener, al menos en principio, problemas graves en materia de seguridad pública. Tras de los ascensos delictivos que registró en 2001 y 2002, cuando llegó a una máxima de 96 mil 192 delitos, su criminalidad ha venido disminuyendo. En el 2004 la Procuraduría del estado dio cuenta de 82 mil 309 y el año pasado, a juzgar por las cifras de enero a junio, llegará a 71 mil 728, lo que pone a Jalisco 9.0 por ciento por debajo de la tasa nacional.

Conforme a las cifras oficiales, en casi todos los rubros Jalisco se encuentra tan cercano a la media nacional que no hay diferencias estadísticas significativas. La proporción que representan los presuntos responsables de los delitos registrados; la que alcanzan los sentenciados con relación a los presuntos y la tasa de reos en relación a la población están en este caso. En cuanto a las tasas por habitantes de los crímenes en particular, Jalisco tiene 50.7 por ciento menos homicidios dolosos que el resto del país; 45.8 menos lesiones dolosas; 16.5 por ciento menos violaciones y 21.2 menos robos.

No obstante, la noción de que Jalisco es una entidad sin problemas delictivos empieza a resultar sospechosa cuando se consideran las cifras federales. ¿Cómo es posible que la tasa de los delitos del orden común sea 9.0 por ciento menor a la tasa nacional y la de los delitos federales sea 35.6 por ciento más alta? ¿Cuál es la explicación de que la situación en relación al homicidio, la violación, las lesiones y aun el robo sea tan idílica y los delitos en materia de salud -o sea consumo y tráfico de drogas-, que se conocen en Jalisco superen en 68.5 a la media nacional?

Las encuestas nacionales sobre inseguridad pública que ha llevado al cabo el ICESI confirman y ahondan la sospecha de que algo no está bien en las cifras oficiales. De 13 mil 858 delitos cometidos en 2003 por cada cien mil personas, Jalisco pasó a 14 mil 286 en 2004 y a 15 mil 276 en 2005. La proporción que representan los delitos oficialmente registrados van de 9.9 por ciento en 2003 a 6.9 en 2005. La conclusión es inevitable: el tranquilo panorama que nos ofrecen los datos oficiales es falso. El análisis de las cifras mensuales y el hecho de que el gobierno de Jalisco no haya dado cifra alguna de julio de 2005 en adelante, confirman la afirmación más allá de toda duda: a partir del 2003 las cifras oficiales están manipuladas.

Guadalajara

No hay prueba más evidente de la manipulación que el problema que plantea la capital del estado: Guadalajara. En todo el país sólo hay tres ciudades que tengan más delitos por habitante. Culiacán, capital del narco, con 25 mil 655 por cada cien mil personas en 2004, y Tijuana y Mexicali, con 22 mil 827 y 22 mil 577 respectivamente. Guadalajara, con 21 mil 227, es 9.8 por ciento más insegura que el DF, que ese año sólo registró 19 mil 338 delitos por cada cien mil habitantes.

En términos de los delitos cometidos, fueran denunciados o no, en la capital tapatía tiene lugar el 80 por ciento de los que se cometen en Jalisco. A juzgar por las cifras oficiales, la capital tiene sólo el 67.9 por ciento de la criminalidad del estado, lo que revela un subregistro evidente.

Hay muchas otras pruebas de que los funcionarios panistas que gobiernan Jalisco no han logrado controlar el crimen y, a falta de resultados, han decidido emplear la goma de borrar para alterar a su gusto y conveniencia las estadísticas delictivas. La tendencia, que llega a su caso extremo en Campeche, se repite casi a la letra en Tabasco y con variantes menores y mayores en San Luis Potosí, el DF, Jalisco y una veintena de entidades. De seguir así, en un par de años viviremos en un extraño país en el cual la población va a quejarse con toda razón de la inseguridad, y gobiernos estatales estarán dispuestos a jurar que el país no puede ser más seguro ni más tranquilo.

Es imperdonable y molesto que los funcionarios le mientan tan descaradamente a la ciudadanía, pero lo es todavía más que las autoridades crean sus propias mentiras, las admitan y den por resuelto un problema que sigue siendo prioritario para la población.

 

Publicado en la columna Subterráneo del diario Metro, el 23 de febrero de 2006.

 

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