La violación en el sexenio
Rafael Ruiz Harrell
A juzgar por los datos de enero a octubre, este año cerrará con alrededor de 13 mil 730 violaciones oficialmente registradas. Muy probablemente las cometidas serán diez veces más, o sea cercanas a las 140 mil, ya que se sabe que en las zonas urbanas se hace del conocimiento de las autoridades más o menos una de cada diez y, en las rurales, una de cada doce. La proporción sube a una de cada quince en las áreas rurales en las que predomina la población indígena.
Cuando Vicente Fox rindió su protesta en el 2000, la violación había sufrido un ascenso y los 13 mil 164 delitos de este tipo registrados ese año -13.5 por cada cien mil personas-, superaban a las cifras conocidas desde 1993. En el 2002 hubo un ligero descenso -13.0-, pero en el 2002 ascendieron como no lo habían hecho desde 1992 y llegaron a 14 mil 199, o sea 14.1 por cada cien mil habitantes. Desde ese año a la fecha han ido disminuyendo cada año poco a poco hasta llegar a los 12.9 que tenemos hoy en día.
Es muy difícil precisar cuáles son los factores que determinan el ascenso o descenso de las violaciones. Se sabe que a diferencia del robo y otros delitos patrimoniales, que suben con las crisis económicas, la violación se deprime en un principio y luego, tan tardíamente como dos o incluso tres años después, tiene un crecimiento y un descenso igualmente rápidos. En este sentido se asemeja parcialmente al homicidio, si bien con la diferencia de que la violación es más frecuente en los meses de calor que en los de frío, mientras que con el homicidio sucede a la inversa.
La incidencia de casi todos los delitos sube de manera notable cuando los delincuentes o sus víctimas tienen entre 18 y 24 años de edad, pero en la violación la tendencia es todavía más marcada. Si el 40 por ciento de los homicidios suceden en esos límites de edades, poco más del 70 por ciento de las violaciones ocurren en esas circunstancias. Como ningún otro, la violación es un delito cometido por los jóvenes en otros jóvenes.
Respuestas
Dado el estrecho margen de edades en el cual se presenta la mayoría de las violaciones, las sanciones, sobre todo las que comprenden largos términos de prisión, no parecen ejercer ningún efecto positivo en la incidencia de este delito.
La violación se persigue con un poco de más eficacia que el homicidio doloso. Por cada cien de estos últimos se detuvo a 32.4 presuntos responsables en la República entre 2001 y 2005. La proporción subió a 34.3 en el caso de la violación. La diferencia no se debe a que nuestras autoridades sean más diligentes en un caso que en otro, sino al hecho, simplísimo, de que en la violación se tiene un testigo presencial de los hechos que conoce al violador entre el 65 y el 70 por ciento de los casos y en el homicidio muy a menudo no hay testigos.
A pesar de esto hay entidades cuyas autoridades son especialmente ineptas e ineficaces en la persecución de los violadores. Del 2001 al 2005, puesto que aun no contamos con la información completa de este año, destacan Yucatán con sólo 15.5 casos resueltos de cada cien; el DF con 16.1; Tlaxcala, con 16.7 y Puebla con 21.8. Es muy posible que en el primero y en los dos últimos, el porcentaje fuera menor porque en las entidades con una fuerte población indígena hay un marcado subregistro del delito que venimos analizando. El marcado desinterés de las autoridades capitalinas por atender este crimen es positivamente imperdonable.
Incidencias
A lo largo del sexenio foxista hubo en promedio nacional 13.3 violaciones por cada cien mil personas. Algunos estados registraron cifras significativamente menores, como Guanajuato, con 5.8; Aguascalientes y Michoacán, ambos con 6.5; Colima, con 7.2; Durango con 7.5 y Nuevo León con 7.6. El DF con 13.9 no está muy lejos de la media. En el otro extremo de la escala, o sea con cifras claramente mayores, destacan Quintana Roo, con 36.1; Tlaxcala con 22.9; Baja California Sur con 21.4 y Baja California con 20.1.
Es reveladora la ausencia de Chihuahua, y en particular de Ciudad Juárez, en esta última lista: la mejor manera de abatir la violación es darle voz a las mujeres, empoderarlas para que protesten, exijan y se defiendan a sí mismas. Tanto o más que otros delitos, la violación es un viaje de poder con el cual algunos machitos lamentables llegan al delirio de sentirse todopoderosos. Cuando encuentren una resistencia social organizada, los primeros en salir corriendo serán ellos.






