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Otra vez las cucarachas

Rafael Ruiz Harrell

Entre los mayores descubrimientos de la criminología está el hecho de que los delitos no ocurren al azar ni en cualquier parte. Responden, por el contrario, a patrones temporales y espaciales de gran regularidad y constancia. El ladrón vuelve a robar al lugar en el que robó previamente y vuelve a hacerlo en el mismo día y a menudo en la misma hora que antes. Lo mismo puede decirse de todos los criminales habituales. Por supuesto también hay excepciones. La más frecuente la ofrecen los homicidas, que en la gran mayoría de los casos matan una sola vez en su vida.

La regularidad es importante porque hay lugares en los que el crimen se concentra y se reitera. Son los focos criminógenos, las "manchas calientes" o "hot spots" de la delincuencia. Antes se usaban alfileres con cabezas de diversos colores para señalar en los mapas urbanos dónde era más frecuente que ocurriesen los crímenes. Hoy se emplean computadoras con programas hábilmente diseñados y que pueden conseguirse gratuitamente en el Instituto Nacional de Justicia de EU.

Identificar un foco criminógeno, determinar sus coordenadas espaciales y precisar el tipo de delitos que ahí se cometen es el primer paso en la prevención. Reitero la palabra: se trata de prevenir, no de reprimir. Hacer un operativo policíaco para ver a quienes se consigue aprender es absolutamente inútil, porque deja las cosas como están. La prevención no, ya que parte de un diagnóstico del lugar y de las circunstancias que lo hacen criminógeno, lo que le permite actuar contra las causas y corregir el problema de fondo. Prevenir es, así, romper la cadena delictiva, cortar la regularidad que la hace posible, propósito que con frecuencia puede lograrse sin arrestar a nadie, sólo cambiando la circulación de una calle, cerrando una tienda que trabaja a deshoras o instalando una luminaria.

Las cucarachas

La estrategia anterior se antoja muy linda, pero frente a ella suele recordarse el llamado principio de las cucarachas. El principio es muy simple: si se les pone veneno a las cucarachas en la cocina de una casa, en lugar de acabar con esa plaga, lo que se logrará es provocar una emigración de los insectos a otro cuarto. El principio de las cucarachas se aplica puntualmente a los delincuentes -o al menos eso se cree-, de tal manera que si se los persigue y reprime en un lugar, invariablemente se irán a otro lado a hacer sus fechorías.

Suele ofrecerse como prueba de que los delincuentes se comportan igual que las cucarachas, el cambio en la distribución de la delincuencia en el DF. En 1990, por ejemplo, ocurrían en las cuatro delegaciones centrales, o sea las originalmente comprendían la Ciudad de México -Cuauhtémoc, Carranza, Juárez e Hidalgo-, el 48.4 por ciento de todos los delitos oficialmente reconocidos. En 2005 la proporción había bajado al 35.5 como resultado de la mayor vigilancia policíaca en el centro de la ciudad. La diferencia se explicaba atendiendo a la movilidad de las cucarachas delictivas. ¿Las perseguían en el centro? Entonces emigraban a la periferia.

Inmovilidades

El argumento anterior adolece de un grave defecto: no toma en cuenta los cambios poblacionales. Esto es importante porque en el centro del DF, o sea en las cuatro delegaciones apuntadas, la población decreció 22.1 por ciento de 1990 a 2005, mientras que en el resto de la ciudad, la población aumentó 9.6 por ciento. Hay menos delitos en el centro de la capital simple y sencillamente porque hay menos gente. En la periferia sucede exactamente a la inversa.

De esto se desprende una consecuencia muy importante: los delincuentes son menos activos que las cucarachas. Tan es así que en el caso del robo -el delito más numeroso y frecuente-, el 62 por ciento de los ladrones roba a menos de un kilómetro de donde viven. Si se toma a su hogar como centro, poco más del 80 por ciento de los ladrones opera en un área de dos kilómetros de diámetro.

La circunstancia esconde una buena nueva: los estudios más recientes de ecología criminológica revelan que al acabar con la criminalidad en una zona criminógena, los delincuentes no emigran como las cucarachas, ya que la delincuencia en las zonas aledañas en lugar de subir también baja. Todo esto confirma dos cosas que he dicho aquí docenas de veces: la primera es sí hay manera de derrotar a la delincuencia; la segunda es que la prevención es más eficaz que la represión. Todo el chiste está en saber cómo hacerlo.

 

Artículo publicado en La ciudad y el crimen del periódico Reforma el lunes 02 de octubre de 2006.

 

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