Percepciones
Rafael Ruiz Harrell
Desde la perspectiva de la población los esfuerzos por reducir la inseguridad pública van mal. Los datos que arroja la última encuesta de Reforma no dejan duda alguna: a fines de enero 33 de cada cien entrevistados dijeron que a su juicio la seguridad pública había empeorado. Hace un año sólo el 24 por ciento sentía que estaba peor; en mayo la proporción bajó al 20, pero a partir de agosto superó el 33 por ciento y ahí se quedó el resto del año.
Es muy inquietante que uno de cada tres adultos crea que la delincuencia va en aumento. Y lo es todavía más si se considera que las autoridades insisten en declarar que la criminalidad está a la baja. Conforme a las cifras oficiales, en 2004 se denunciaron 162 mil 485 delitos. El año pasado fueron 5.2 por ciento menos, ya que llegaron a sólo 153 mil 997. ¿Cómo es posible que la población diga una cosa y las autoridades afirmen la contraria?
Primera Explicación
La aparente contradicción entre la percepción que tiene la ciudadanía de la inseguridad y el panorama que ofrecen las autoridades tiene varias explicaciones. Lo primero que debe advertirse es que no existe una relación estadística constante entre lo que sienten los habitantes y la incidencia delictiva. Es más: no existe siquiera entre la experiencia de la victimización y la manera en que la población percibe la inseguridad. Hay entidades, como Tabasco, Chihuahua o Tamaulipas, que tienen índices de victimización inferiores al promedio nacional y en los que, no obstante, la percepción de la inseguridad es muy alta. Lo mismo sucede a la inversa: hay estados en los que la proporción de personas victimizadas por la delincuencia es superior a la media nacional, en los que el porcentaje de quienes dicen sentirse inseguros es muy inferior al promedio de la República. Así sucede, por ejemplo, en Yucatán, en Jalisco y en Sonora. Quien desee información más detallada la encontrará en www.icesi.org.mx/.
El DF, al igual que el Estado de México y Baja California, se encuentra desgraciadamente en el límite extremo de la escala en ambos casos, es decir: tiene una incidencia de victimización muy superior a la media y su población siente, a la vez, que la inseguridad es muy elevada. Es muy importante advertir, sin embargo, que la segunda no se debe por completo a la primera y hay otros factores que la afectan de manera muy decidida.
Influencias
¿Por qué cree la gente lo que cree del crimen? ¿Qué la lleva a sentirse insegura? Los estudiosos suelen señalar tres elementos como los más importantes: 1) La televisión y la prensa; 2) La comunicación directa con otras personas y 3) El trato que reciben de las autoridades. Frente a estos tres factores, el estado real de la delincuencia -sea medida por encuestas victimológicas, sea declarada por las cifras oficiales-, tiene mucho menor peso.
No hay duda que los medios determinan en grado importante la manera en que percibimos la inseguridad. La constante difusión de crímenes, asaltos, secuestros y homicidios, crea un clima particularmente inquietante para el ciudadano. Aunque sepa que los medios difunden, por obvias razones, sólo los crímenes más atroces y abominables y rara vez les preocupa ofrecer una visión equilibrada del problema, termina por creer que la realidad social es en todo semejante a lo que ve en la tele o lee en la prensa.
Lo que recibe de los medios, lo ve confirmado en las conversaciones con sus vecinos y sus compañeros de trabajo. Nunca falta quien recuerde un asalto, un robo o alguna agresión, entre otras razones porque el 62 por ciento de las personas con 18 años o más que viven en el DF ha sido víctima del crimen cuando menos alguna vez. Los relatos personales son la mejor prueba de que el panorama que difunden los medios es veraz.
Los clavos finales del ataúd los ponen las autoridades. Esto ocurre en varios niveles, desde la pésima atención que se recibe en las agencias del ministerio público, hasta el brutal desprestigio de las más altas autoridades. La gente tiene la certeza de que ir a denunciar es inútil porque no pasa nada y, además ¿con gobernantes como, digamos, Mario Marín, quién va a creer que en verdad les preocupa abatir el crimen?
Si el gobierno capitalino quiere mejorar la percepción que tiene la ciudadanía de la inseguridad, no debe preocuparse sólo por abatir el crimen, sino por ganarse la confianza de la gente. En más de un sentido, el temor al crimen es desconfianza de las autoridades.
Publicado en el periódico La Ciudad y el Crimen del diario Reforma, el 20 de febrero de 2006.






