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Populismo penal

Rafael Ruiz Harrell

Al escribir estas líneas no se sabía quién era el ganador de las elecciones, mas debo reconocer que me importa un cacahuate. Dos razones justifican mi desinterés. La primera es que gane quien gane al país le va a ir mal, sea porque seguirá igual o porque va a perder lo ganado -lo que en el fondo es lo mismo. La segunda es porque sé que gane quien gane la inseguridad pública seguirá creciendo porque ninguno de los tres contendientes mayores tiene ni la más remota idea de lo que debe hacerse.

En términos de la inseguridad pública hay un ligero y distante rayito de esperanza, que por supuesto nada tiene que ver con el Peje. Resulta que a mediados de los setentas, y a pesar de que criminólogos e investigadores se pronunciaron en contra, el populismo penal empezó a hacer furor en Estados Unidos. La expresión populismo penal denota a una estrategia contra el crimen que se caracteriza por creer que la solución está en aplicar penas privativas de la libertad con extraordinaria generosidad; en aumentar la duración de las penas de prisión; en reducir las garantías procesales de los reincidentes y, en consecuencia, en multiplicar de manera casi ilimitada las poblaciones carcelarias. Casi podría decirse que el grito de guerra del populismo penal fue: a más presos, menos crímenes.

Aunque de manera menos enloquecida que en EU, los gobernantes de otros países como Inglaterra, Francia, Rusia y Alemania, adoptaron también medidas propias del populismo penal. El elemento más claramente distintivo fue el aumento del número de personas en prisión y, en esto, Estados Unidos no parece tener rival: de 1992 al 2005, el número de personas tras las rejas pasó de un millón 295 mil a 2 millones 186 mil. El crecimiento anual fue del orden del 4.1 por ciento. Hoy en día el país supuestamente más democrático del mundo tiene en prisión a 738 personas de cada cien mil, una proporción que supera a la de cualquier otro país en la historia.

¿Y el crimen ha descendido? Sí, pero todos los analistas coinciden que la prisión fue uno de los factores menos relevantes. Lo que verdaderamente importó fue el auge económico que empezó en 1991 y duró sin ninguna interrupción hasta 2002. Fue la mejoría en el nivel de vida lo que disminuyó la delincuencia, no el volumen de personas presas.

México

No hay duda que nuestro país, al igual que Brasil, es una víctima del populismo penal. En los dos países ha crecido el monto de las penas de prisión; en ambos se han visto reducidas las garantías penales de los acusados; en ambos se han aumentado los castigos para los reincidentes y en los dos han crecido las poblaciones carcelarias más allá de todo límite razonable. En México pasamos de 87 mil 823 presos en 1992 a 201 mil 931 en 200: el crecimiento se produjo a un ritmo anual superior al de EU, 6.6 por ciento. Brasil pasó de 126 mil 152 presos en 1992 a 361 mil 402 en 2005: 8.4 por ciento anual. En ambos países la tasa por cien mil habitantes es la misma: 191. En ninguno de los dos ha bajado la delincuencia porque no ha habido ninguna mejoría sensible en la calidad de vida.

Puntualizo lo anterior porque el próximo presidente de nuestro país, llámese como se llame, va a seguir neceando con las soluciones propias del populismo penal. López Obrador hizo eso cuando gobernó al DF y Calderón se ostentó como el candidato de la mano dura. Parece, pues, que vamos a seguir seis años más en lo mismo.

Cambios

Sólo que hay cambios favorables. La marea está ahora a la baja en EU. Varios factores están restringiendo o cancelando el populismo penal. Destacan dos. Uno es el costo elevadísimo e impagable de tener presa a tanta gente. El otro es que los ciudadanos ya no están dispuestos a seguirlo pagando y creen que las cárceles deben estar reservadas para los criminales violentos. Han empezado a derogarse leyes duras y hay Estados de la Unión Americana en los que se ha cancelado el presupuesto para construir nuevas cárceles.

Tal vez la influencia de lo que está ocurriendo en EU resulte en un cambio favorable en nuestro país y quien ocupe la jefatura del Ejecutivo Federal, consiga entender que la manera eficaz de abatir el crimen no es con la estrategia del populismo penal.

 

Publicado en La Ciudad y el Crimen del periódico Reforma. Lunes 3 de julio de 2006.

 

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