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Realidad delictiva

Rafael Ruiz Harrell

En los países en los cuales la realización de encuestas victimológicas constituye una práctica periódica, como Estados Unidos e Inglaterra, se presenta un fenómeno revelador: las estadísticas oficiales van acercándose poco a poco a las cifras victimológicas y aunque siempre conservan su distancia, terminan por seguir rutas cercanamente paralelas. En nuestro país ocurre lo contrario: cada vez es mayor la proporción que las separa, de tal manera que los datos oficiales son cada vez menos representativos de lo que en verdad le pasa a la gente. El punto es inquietante porque explica y justifica la creciente desconfianza de la ciudadanía hacia sus autoridades.

Las encuestas victimológicas ofrecen información sobre tres aspectos básicos de la delincuencia. Nos dicen, primero, cuál fue el total de crímenes sufridos por una comunidad en un tiempo dado (incidencia). Nos informan, después, cuántas fueron las personas que los sufrieron (prevalencia) y, en tercer lugar, nos dicen cuántas de esas víctimas se tomaron el trabajo de enterar a las autoridades del delito que sufrieron (denuncia).

La tercera encuesta nacional sobre inseguridad realizada por el Instituto Ciudadano de Estudios Sobre la Inseguridad, ICESI, cubre lo sucedido en el país en el año de 2004 y nos informa que, denunciados o no, la población sufrió un total de 11 millones 735 mil 933 delitos (incidencia). Como algunas personas fueron victimizadas dos veces o más en el año, el número de víctimas es inferior al de los delitos: llega a 7 millones 474 mil 314 (prevalencia), lo que resulta en un promedio de 1.57 delitos por víctima. De las personas victimizadas, 2 millones 418 mil 28 levantaron un acta ante el ministerio público demandando justicia (denuncia).

Las cifras oficiales

Aunque en un suceso delictivo ocurran dos o más crímenes -por ejemplo una violación con lesiones-, con el fin de reducir las estadísticas, las procuradurías de las entidades federativas adoptaron de tiempo atrás la práctica de consignar sólo uno -que por desgracia no siempre es el más grave. Aunque hablen de "incidencia" -lo que implicaría dar cuenta de todos los delitos-, en verdad sólo nos están informando de la "prevalencia delictiva", puesto que en general a cada denunciante corresponde un solo crimen.

La cifra tendría que resultar más o menos equivalente a la de las actas levantadas por las víctimas, pero las diferencias entre unas y otras son abrumadoras. Las procuradurías de los estados dijeron haber recibido en 2004 información sobre un millón 429 mil 097 crímenes. La cifra representa sólo el 59.1 por ciento del total de personas que dicen haber levantado un acta. La friolera de 988 mil 931 delitos, el 40.9 por ciento del total, fueron borrados por las autoridades.

Hay gobiernos estatales que mienten con el mayor descaro. El de Campeche, en esto el campeón absoluto, ocultó el 87.6 por ciento de los delitos que le fueron denunciados. Lo siguen Nayarit (79.1%), Sinaloa (76.5), Sonora (76.1), Tlaxcala (71.6%), Coahuila (70.7%), nuestro DF (63.45) y Jalisco con el 58.1 por ciento de delitos que no llegaron a las estadísticas oficiales.

El caso del DF

Tan grave como el ocultamiento deliberado de la información delictiva es el hecho de que lo afirmado por las víctimas y lo que dicen las autoridades estén siguiendo cursos divergentes. Si en el 2001 se ocultaron en la República el 37.8 por ciento de los crímenes denunciados, el año pasado la proporción subió a 44.6.

Nuestra capital no se queda atrás en la manipulación de las cifras. Del total de denuncias presentadas, en el 2000 dejó de contar 60.7 de cada cien. El año pasado, 2005, fueron ya 67.4. En el 2000 la Procuraduría del DF registró sólo uno de cada 9.8 delitos cometidos. En el 2005 uno de cada 11.7. La disparidad es cada vez mayor y, con ella, la desconfianza.

Lo curioso es que reconocer la realidad y aceptarla tal cual es traería más ventajas que desventajas para los gobernantes. La policía de Colombia sólo empezó a contar con el apoyo y la confianza de la gente cuando dejó de mentir y reconoció equívocos y errores. ¿Qué pasaría si el nuevo gobierno del DF, al llegar al poder, admitiera que en lugar de los 153 mil 997 delitos que registró Bátiz para el 2005 fueron tres veces más y llegaron en verdad a 471 mil 800 o algo así? Para muchos sería un balde de agua fría, pero para la mayoría de la población sería la primera semilla para restablecer la confianza.

 

Publicado en la columna “La Ciudad y el Crimen” del periódico Reforma. Fecha de publicación: 6-Mar-2006.

 

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