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Balance del DF

Rafael Ruiz Harrell

De 1994 a la fecha, 2006 es el mejor año que hemos tenido en un sentido delictivo. El número de delitos registrados por la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal no llegó a 150 mil. Se quedó en 149 mil 273. La disminución con relación al año anterior es mínima, apenas del 3.1 por ciento, y no alteró la distribución anual por delegaciones que se mantiene como regla desde que contamos con los datos respectivos.

En cinco delegaciones hubo aumentos. Casi todos se registraron en las periféricas y menos pobladas: Magdalena Contreras, con un crecimiento del 6.2 por ciento; Tláhuac, con 4.6; y Cuajimalpa con 3.2 por ciento, pero también aumentó la criminalidad en dos de las más populosas: Cuauhtémoc, con 4.1 y Obregón, con 4.9. Todas las demás tuvieron descensos. Tlalpan tuvo el mayor: 13.3 por ciento, seguida por Xochimilco con 12.8. En general la criminalidad disminuyó más en la periferia -3.7 por ciento-, que en la zona central de la ciudad de México, donde sólo descendió 1.9 por ciento.

Aunque la diferencia es mínima, que la delincuencia descienda menos en el centro de la ciudad que en las delegaciones de la periferia, indica que los programas de vigilancia y patrullaje ignoran la realidad delictiva porque están descuidando las zonas criminógenas. La SSP debería revisar sus acciones.

La proporción en que decreció la delincuencia en total es muy pequeña para que pueda ser considerada significativa, pero aun así es fácil de explicar: en los años electorales circula más dinero; gente que suele carecer de empleos fijos, encuentra tareas eventuales que le dejan algunos ingresos y que van desde organizar marchas, mítines, bloqueos y manifestaciones hasta empapelar la ciudad con propaganda electoral y, en consecuencia, la criminalidad más común -el robo callejero-, disminuye.

La regla es que al año siguiente, o sea el primero del nuevo régimen, suceda lo contrario porque circula menos dinero, hay vacíos de poder, personas sin experiencia ocupando cargos públicos y cambios en la administración que esperan acomodo. De esto tenemos ya algunos datos que confirman la experiencia previa: de enero a junio de 2007, se registraron en el DF, 79 mil 653 crímenes de diversa índole. Si consideramos que representan la mitad de los que se cometerán en el año, 2007 terminará con un total de 159 mil 306 delitos, o sea 6.7 por ciento más que 2006.

Reflexión

A juzgar por las estadísticas oficiales, el Distrito Federal no representa un problema mayúsculo en un sentido delictivo. Con mil 689 delitos por cada cien mil personas en 2006 es apenas una cuarta parte más alto que la media nacional. Siete entidades superan sobradamente esa cifra. Así Baja California, con 4 mil 115 crímenes por cada cien mil habitantes, Baja California Sur (3,175); Yucatán (2,759); Tabasco (2,633); Nayarit (2,512); Quintana Roo (2,108) y Chihuahua (2,057).

Si en lugar de considerar las cifras de las estadísticas oficiales, se toma en cuenta los datos que arrojan las encuestas victimológicas como las que realiza el ICESI, la distribución se altera y el DF pasa al primer lugar, pero al analizar estos datos, no hay que olvidar que las propias víctimas informan en las encuestas victimológicas de un gran número de delitos menores que censuran frente a las autoridades. Así sea de pasada, es importante comentar que es muy lamentable que el ICESI haya tenido que suspender la encuesta correspondiente a 2006 por falta de fondos. El gobierno debería estar al tanto de la importancia vital que representa el contar con series continuas que permitan una comparación constante con los datos oficiales. Sólo así podemos saber cómo vamos y hacia dónde.

Olvidando los datos victimológicos, debe reconocerse que el DF va bien. O para ser más preciso: que la Procuraduría capitalina va bien porque ha impedido que la criminalidad crezca más allá de los límites que pueden considerarse normales, y que la Secretaria de Seguridad Pública va mal porque con tal de darles premios, bonos, aguinaldos y ascensos a sus agentes, sigue abarrotando las cárceles al arrestar a pobres diablos de los que sólo existe la sospecha que pueden haber cometido un delito irrelevante.

ruizharrell@gmail.com

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Publicado en La ciudad y el crimen del periódico Reforma el lunes 20 de agosto de 2007.

 

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