Cita y fecha marcadas
Rafael Ruiz Harrell
No es necesario ponerse a buscarlos: la cita y la fecha están marcadas. Lo digo porque nos los presentan como si en verdad fuera algo muy difícil, algo que es necesario estar buscando con mucho empeño hasta ver si en algún momento, al azar, como si se tratara de una lotería, llega a descubrirse un asalto, un robo a casa habitación, un delito oculto. La idea que sigue prevaleciendo es esa: es imposible prever los crímenes. Ocurren de manera impensada, cuando nadie sabe que van a presentarse.
Lo curioso es que la verdad es muy otra: casi todos los crímenes suceden en lugares y a horas fijas. Descubrirlo es más cuestión de paciencia y minuciosidad, que de suerte o de chiripa. Aunque todos responden a patrones regulares, hay algunos que los cumplen con extraordinaria puntualidad. Los dos que más destacan son los robos a casas habitación y los transeúntes que son robados varias veces por año.
No fue sino a partir de los ochentas que empezaron a descubrirse ambos factores. No se lo había hecho antes porque faltaba el instrumento necesario: las encuestas victimológicas, que empezaron a aplicarse a mediados de los setentas. El fenómeno no surgió de inmediato, pero poco a poco se fue descubriendo que cuando se robaba una casa o un departamento, aumentaba de manera notable la probabilidad de que volviera a ser robada en una fecha próxima. Si una habitación era robada una vez, la probabilidad de que volvieran a asaltarla, aumentaba hasta el 30.0 por ciento. Si la robaban una segunda vez, la probabilidad de que fuera asaltada por tercera vez llegaba al 50.0 por ciento. Si era robada por tercera vez, lo que disminuía era el lapso entre un robo y otro: si la primera vez habían pasado dos semanas, en la segunda pasaban sólo diez días.
Lo mismo sucedió con algunos transeúntes. Hay algunos, por regla general débiles y sumisos, que admiten ser robados sin mayores problemas. Algunos son asaltados cuatro o cinco veces en un año; otros superan las veinte veces. Los estudios revelan, por una parte, que el ladrón es casi siempre el mismo y, por la otra, que el robo suele tener lugar en el mismo lugar y a la misma hora. Arrestar a uno de estos ladrones es cortar un gran número de robos.
Respuestas
He querido contentarme con estos dos ejemplos porque bastan para revelar cómo pueden establecerse dos estrategias muy eficaces para combatir estos crímenes donde ocurren, es decir, sin necesidad de andarlos buscando
Que una casa o un departamento sean robados es un claro anuncio de que van a volver a serlo en un futuro próximo. El tiempo está determinado por la zona y la frecuencia de este tipo de asaltos, pero no es desmedido suponer que antes de un mes se intentará asaltarlo de nuevo. En Inglaterra hay paquetes de defensa, que aumentan las medidas con las que protegen al hogar según el número de robos que lleve registrados. El paquete platino, por ejemplo, que actúa después del cuarto asalto, implica presencia policíaca las 24 horas del día.
No obstante, rara vez hay que llegar a estos extremos: si después de un asalto, el hogar recibe una visita cuidadosa, en la que se examina el modo de entrada, los puntos débiles del hogar y qué objetos de interés pueden atraer la atención de los ladrones, los posibles asaltantes pierden interés y dejan en paz la vivienda.
El caso de los transeúntes que son asaltados varias veces a lo largo del año no es muy distinto, sólo que en este caso es necesario proceder con más cuidado. Lo que se hace es entrenar con gran cuidado a un grupo para que siga con sigilo a las multivíctimas y descubra dónde suelen ser atacadas. La experiencia revela que no suelen pasar dos semanas antes de que se identifique al asaltante y se precise el lugar el crimen. El arresto de este tipo de delincuentes, al menos a juzgar por los datos de los programas que se han venido aplicando en Liverpool, Inglaterra, son cuatro veces más eficaces que las aprehensiones regulares.
Bien haría la Procuraduría capitalina -y según tengo entendido ya hay algo en el horno-, para formar algunos grupos especializados en este sentido. Es más lógico y sensato buscar donde ya se sabe que están los ladrones que ponerse a patrullar todo el Distrito Federal. Y no sólo eso: la gente agradecerá que la protejan, no sólo que le prometan. Además: si aumenta la confianza todos estaremos mejor.
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Publicado en la columna La Ciudad y el Crimen del periódico Reforma el lunes 4 de Junio de 2007.






