El asesinato y sus variantes
Rafael Ruiz Harrell
La Secretaría de Salud ofrece año con año los datos sobre los homicidios dolosos que se cometen en cada uno de los municipios o delegaciones del país. La información es muy importante, primero porque permite verificar o corregir la que consignan las procuradurías de los Estados y, después, porque la de Salud responde a criterios uniformes y no a los que cada procurador estima conveniente adoptar.
Los datos de 2005 confirman que las tendencias a largo plazo que muestra el homicidio en su distribución por delegaciones han tenido muy pocos cambios. El punto importante es aquí el siguiente: el análisis de las series nacionales de asesinatos proporcionadas por Salud revelan que en nuestro país -al igual que en casi toda América Latina y a diferencia de lo que sucede en los países industrializados-, los asesinatos por persona son más frecuentes en las zonas marginadas, poco pobladas, que en las grandes y populosas zonas urbanas.
Atendiendo al número de personas privadas de la vida de manera deliberada, hay más asesinatos en los poblados pequeños que en las ciudades que han venido acelerando su crecimiento desde mediados del siglo pasado.
Excepciones
No es la población el único factor que influye sobre el crecimiento de los homicidios deliberados. También ha de tomarse en cuenta el tiempo que tiene de venirse desenvolviendo un barrio, una delegación o una ciudad.
Un claro ejemplo es Coyoacán: dada su posición en el DF y dada la densidad de su población, debería tener un índice menor de homicidios. Si lo tiene tan elevado, al menos proporcionalmente, es porque es un núcleo urbano que a lo largo de buena parte del siglo XIX y del XX se desarrolló de manera independiente al resto del DF y que tiene su propia historia.
Lo mismo ocurre con el centro del DF. Conviene aclarar que hasta después de concluida la etapa armada de la Revolución, en 1917, la Ciudad de México siguió siendo en buena medida lo que había sido en los dos siglos anteriores. Tacubaya estaba ya en las afueras de la ciudad y visitar San Ángel o Coyoacán exigía de un viaje en tren de vapor.
El crecimiento fue llenando los espacios intermedios y el 31 de diciembre de 1970 se reformó la Ley Orgánica del Departamento del Distrito Federal para incorporar la Ciudad de México al resto del DF, o sea para considerar que las cuatro delegaciones establecidas ese día -Cuauhtémoc, Carranza, Juárez e Hidalgo-, y que comprendían el espacio tradicional de la Ciudad de México, formaban a partir de entonces una unidad jurídica, política y económica con las otras 12 delegaciones del DF.
A partir de esa fecha, 1970, se inicia la recolección de las cifras de delitos denunciados en las diversas delegaciones del ministerio público, pero errores y diferencias impiden emplearlas hasta 1975.
Sea como fuere, tenemos ya más de un cuarto de siglo de tener series completas y más o menos confiables de los crímenes cometidos en nuestra entidad. Y las tendencias se conservan intocadas.
El centro y la periferia
Conforme a lo apuntado líneas arriba sería, de esperarse que las delegaciones centrales del DF -las más densamente pobladas-, tuvieran tasas de homicidios por habitante inferiores a las que se encuentran en la periferia, pero como son las que tienen el proceso de urbanización más prolongado, sucede lo contrario.
En este caso, al igual que sucede en los países industrializados, pero exclusivamente en lo que toca al DF, hay en proporción más homicidios en las zonas urbanas que en las suburbanas o en las rurales.
Los datos de Salud nos informan que en 2005 hubo en el DF 8.5 asesinatos por cada cien mil personas. La tasa en las cuatro delegaciones centrales llegó a 16.3. En las de la periferia a 6.7.
La delegación más peligrosa en términos de homicidios dolosos fue Hidalgo con 23.5 por cada cien mil, seguida por la Carranza con 16.3; y la Cuauhtémoc y la Juárez con 13.5.
Debe destacarse que aunque en la capital hay delegaciones que tienen tasas de asesinatos muy elevadas, como la Hidalgo, la ciudad en conjunto no es la entidad más peligrosa del país.
La República tuvo 9.2 homicidios por cada cien mil personas en 2005 y, ese año, Sinaloa con 17.5, Guerrero con 17.4, Chihuahua con 16.9 y Michoacán con 15.8 ocuparon los primeros lugares.
La idea de que el problema se debe al narco, no pasa de ser una mala excusa. El crimen de todos los días es el que está sin control.
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Artículo publicado en La Ciudad y el Crimen del periódico Reforma el lunes 28 de mayo de 2007.






