La criminalidad en América Latina
Luis de la Barreda Solórzano
“Más allá de los estragos que causa el crimen organizado, hay otra clase de criminalidad que afecta más cotidianamente al común de los mortales. De esa delincuencia menuda se ocupa la reseña de Alessandra Heineman y Dorte Verner acerca de la literatura sobre criminalidad y violencia en América Latina y el Caribe, publicada por el Banco Mundial.
Más allá de los estragos que causa el crimen organizado, hay otra clase de criminalidad que afecta más cotidianamente al común de los mortales. De esa delincuencia menuda se ocupa la reseña de Alessandra Heineman y Dorte Verner acerca de la literatura sobre criminalidad y violencia en América Latina y el Caribe, publicada por el Banco Mundial.
Latinoamérica presenta altos índices de criminalidad, aunque hay excepciones como Argentina, Costa Rica y Chile. La tasa de homicidios en América Latina representa más del doble del promedio mundial, lo que la hace la segunda región más violenta del planeta, sólo por debajo de los países africanos del sur del Sahara. La OMS estima que en la región americana se cometen 19 homicidios por cada 100,000 habitantes. La cantidad tiende a ser mayor en países en los que se produce y se trafica con droga.
La violencia doméstica es de las más recurrentes, a pesar de no ser tan visible. Entre 10 y 15% de las mujeres declaran haber sido golpeadas o maltratadas por su pareja. En más de la mitad de los casos la violencia física va acompañada de la psicológica o la sexual.
En cambio, la violencia juvenil es muy notoria. Se estima que entre 30,000 y 35,000 jóvenes forman parte de pandillas —que surgen allí donde el orden social está quebrantado— tanto en El Salvador como en Honduras. 80% de los delitos son cometidos por hombres menores de 35 años. Existe relación directamente proporcional entre la exposición de un niño a la violencia y la propensión de éste a conductas violentas en el futuro.
Los expertos observan que la criminalidad es uno de los principales obstáculos para el desarrollo de Latinoamérica. Además de sus costos directos, el crimen tiene perversos efectos multiplicadores sobre la economía, ya que abate el ahorro, las inversiones, la productividad, la participación en el mercado laboral, el turismo y el crecimiento económico. También impacta desfavorablemente las relaciones interpersonales y la calidad de vida. Por otra parte, la violencia descontrolada es un desafío para el monopolio estatal de la fuerza.
Los estudios empíricos y el Informe mundial sobre criminalidad y justicia de la ONU (1999) demuestran que entre los factores principales de la criminalidad destacan el alto nivel de impunidad, la desigualdad en los ingresos (no el ingreso por sí solo, no la pobreza por sí misma), los procesos desordenados de urbanización y el desempleo.
Así que nos acompañan en la pena casi todos los países de América Latina. Sí, ya sé: eso no nos consuela. Mal de muchos…
--------------
Artículo publicado en el periódico La razón de México viernes 11 de Septiembre de 2009.







