El reino del horror
Luis de la Barreda Solórzano
“Bendito sea Dios que ya llegaron los soldados” dijo a sus familiares Benjamin LeBarón al ver que llegaban a su casa veinte hombres con uniforme militar. Le Barón, líder de los mormones en Chihuahua y de la Unión de Ganaderos de Galeana, creyó que esos hombres acudían en atención a su denuncia por las amenazas que estaba recibiendo.
Pero no eran soldados. El comando se llevó a Benjamín junto con su cuñado Luis Whitman. Un par de horas después fueron localizados los cadáveres de ambos con numerosos orificios de bala y un mensaje: “Esto es por los 25 jóvenes levantados en Nicolás Bravo”. El 11 de junio, en esa localidad, el ejército detuvo a 25 sujetos armados, presuntos miembros del cártel de Sinaloa.
LeBarón encabezó las recientes movilizaciones de la comunidad mormona motivadas por el secuestro de su hermano Eric, de 17 años, en las que se exigía la libertad del plagiado y se propugnaba que dejaran de pagarse rescates para así desmotivar a los secuestradores. Eric fue liberado sin que mediara —según se informó— pago alguno.
A pesar de que nos hemos acostumbrado a vivir todos los días con noticias sobre secuestros y ejecuciones, la muerte de LeBarón —a quien no conocí— me ha sacudido. Toda ejecución de soldados, policías o personas secuestradas es altamente lastimosa. La del líder mormón tiene ingredientes amargos adicionales: se le asesinó por no resignarse, en su simple calidad de ciudadano, a una situación que humanamente no es aceptable, y no se le brindó protección a pesar del riesgo que corría.
Soy de los que tienen la ilusión de que las acciones del Presidente Felipe Calderón contra la delincuencia organizada se traducirán, algún día, en una reducción significativa de los crímenes más atroces. Mientras tanto, en varios estados de la República no hay ya lugar alguno —ni el hogar ni el templo— donde la seguridad personal esté garantizada. Es el reino del horror.
Pero precisamente por eso la lucha del Presidente —en la que se juega la vigencia efectiva de valores fundamentales— ha de ser respaldada a fondo y sin excusa por todos los gobiernos de las entidades y los municipios del país, sin distinción de colores políticos.
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Artículo publicado en el periódico La razón de México viernes 10 de julio de 2009.







