Los frutos de la dejadez
Luis de la Barreda Solórzano
Quién pudo imaginar que policías municipales saldrían armados y uniformados a las calles de una ciudad capital mexicana —Monterrey— a protestar, bloquearían el tránsito vehicular y desafiarían, apuntándoles con sus armas de fuego, a los agentes federales?
Son escalofriantes las escenas de un policía local encañonando a uno federal y de una policía municipal y un policía federal apuntándose mutuamente. Eriza la piel pensar que la ofuscación, la bravuconería y el miedo pudieron originar una desgracia mayúscula.
Hace poco, en la misma ciudad, grupos de encapuchados se manifestaron, también sitiando la vía pública, contra los operativos del ejército.
En uno y otro episodios la respuesta de las autoridades locales fue una extraña complacencia, actitud que también ha hecho posible que la delincuencia haya llegado en varias ciudades del país a grados de violencia, prepotencia y poder fáctico que nos eran desconocidos.
La movilización de los policías regiomontanos obedeció a que una compañera suya, a quien información de inteligencia señala como coludida con el narcotráfico, fue detenida por elementos del ejército. No obstante las acciones ilícitas en que incurrieron y los riesgos que generó su conducta, sólo les fueron retirados los rifles AR-15 de que habían sido provistos para defenderse del crimen organizado —ahora se les deja en situación precaria— y, salvo dos de ellos puestos a disposición del Ministerio Público, han regresado a sus tareas rutinarias. ¡Hasta la próxima! Inaudito.
La incuria suele generar monstruos que se van fortaleciendo con el paso del tiempo. Nuestras policías y la criminalidad galopante son principalmente frutos de la dejadez de gobernantes y legisladores.
Ese inelegante vicio se presenta en numerosos ámbitos públicos (la incendiada guardería de Hermosillo es un doloroso ejemplo). Por eso anima que distinguidos profesores estén solicitando que se rescate el auditorio Justo Sierra de nuestra Ciudad Universitaria de manos de quienes lo han usurpado desde hace una década. Además de que el recinto pertenece al patrimonio de la UNAM y debe estar al servicio de la comunidad universitaria, tienen razón los maestros al advertir —en referencia al reciente asesinato ocurrido “en la zona de tolerancia que se extiende desde el auditorio hasta el estacionamiento de la Facultad de Filosofía y Letras y a lo largo del corredor que llega a la Facultad de Derecho”— que, si la ocupación ilegal se sigue permitiendo, “la violencia, el narcomenudeo y la ilegalidad pronto cobrarán otra víctima”, que puede ser cualquiera de las más de 10,000 personas que asisten a esas facultades.
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Artículo publicado en el periódico La razón de México 12 de Junio de 2009.







